Reflexiones sobre la traducción literaria

Por: Mayra Romero Isetta*

Recuerdo que uno de mis primeros intentos, en lo se refiere a traducción, fue cuando era todavía adolescente; quería saber qué decía Celine Dion cuando interpretaba el tema de la película “Titanic”. Debo admitir que no me fue bien, pues siendo inexperta en el arte de traducción, cometí el error de traducir la letra de la canción palabra por palabra y literalmente.

Ya cuando estuve en la universidad y cursé las materias de traducción, recién pude entender porqué las traducciones que hacía de poemas y canciones carecían de esencia, y sólo parecían un grupo de palabras vacías.

Entonces, fue cuando me detuve a pensar –y esto me llevó a valorar- sobre el trabajo de los traductores y traductoras literarias; pues sobre sus hombros no sólo yace la responsabilidad de transferir un mensaje de una lengua a otra, sino que también deben conservar la intención comunicativa del texto original. Así fue, que llegué a la conclusión que quien se dedique a la traducción literaria también hace las veces de escritor o escritora.

Es fácil traducir si no se considera el contexto socio-cultural y temporal, tanto de la lengua fuente como de la lengua meta, pero ¿el traductor está enviando el mensaje correcto?  Simplemente imaginemos que “Romeo y Julieta” de Shakespeare se tradujera haciendo caso omiso del registro que se manejaba en la época en la que fue escrita. Es un hecho, perdería todo su romanticismo y drama.

Como dice Mario Frías en su artículo Traducción moderna de lenguas antiguas: “Lo que más debe importarle al traductor de una obra es la reacción del receptor, que, en la medida de lo posible, debiera ser la misma que, se presume, tuvieron los primeros receptores del texto original”. Por lo tanto, el traductor debe estar al tanto de la historia, de la cultura y de los cambios por los que atraviesa una lengua. El contexto es el elemento clave para que un traductor deje los tecnicismos y convierta su trabajo en una obra literaria.

No obstante, otro factor que influye muchísimo en la traducción literaria es el conocimiento y la pasión que se siente por un libro o un autor. ¿Cómo puedo causar una reacción en el receptor, si no estoy familiarizada con el texto original? ¿O peor aún, si no hallo en el texto a traducir un motivo para hacerlo de mi agrado?

Una consideración muy personal –pero no dudo que sea acertada- es que quien haya decidido dedicarse a la traducción literaria como actividad profesional, tiene el deber moral de apasionarse por la literatura, para así alcanzar resultados tan o más impactantes que el mismo texto original.

En fin, para ya “terminar” con esta reflexión, el o la traductora literaria, con el afán de mantener la esencia del texto original, prácticamente se convierte en poeta, novelista, ensayista, en fin, se convierte en un o una escritora que “recrea” una nueva obra al traducirla.

*La autora es lingüista.

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