La piel de los libros

A partir de hoy, cargaremos los artículos que se encuentran en nuestra revista, que puedes descargar en pdf en este enlace: https://unpuntoaparte.files.wordpress.com/2012/10/revista-1-tacto.pdf Comenzamos con La piel de los libros, de Cecilia Romero.

Me encantan algunas palabras, hay palabras que al tacto rememoran las cosas de más allá, de lo que fue, de lo que nunca es y debería ser. Palabras que parecieran fosforecer en las noches silenciosas de este caluroso verano. Palabras que a veces juegan en el filo de las cornisas esperando el momento justo para el salto. Palabras no dichas y las que se dan un baño de inmortalidad cuando quedan en los libros.

Los libros huelen, eso lo sabemos, pero también tienen una piel que al tacto pinchan, arden, repelen, excitan y en el mejor de los casos duelen. Hay pieles que no se olvidan fácil, quiero recordar algunas, las que son memorables por haber llegado en el tiempo preciso, en el momento inaugural, donde la soledad y el dolce far niente eran el acicate mayor, el pretexto para navegar por esos mundos que contienen los libros.

La piel del exceso y de la abundancia barroca, habitó y habitará en el libro También las Vaqueras Sienten Melancolía del beatnik Tom Robbins, uno que navegó en la insípida era del presidente Eisenhower y luego en los inicios de la guerra fría (…) esos años, con sus huevos empollando y sus ríos creciendo, sus pasteles horneando y sus estrellas girando, sus piernas bailando y sus corazones fundiéndose, sus lamas levitando y sus poetas haciendo lo mismo, sus alegres jóvenes jodiendo en sesiones de cine al aire libre y sus viejos muriendo en habitaciones sobre tiendas de muebles, como si ellos, los sucesivos períodos, pudiesen quedar etiquetados con el nombre de un simple presidente; como si el tiempo mismo pudiese salir de Kansas y West Point, popularizar una cazadora militar y pujar en una elección para la Eternidad en la candidatura republicana.

Robbins nos deja así un escrito donde la heroína Sisi Hankshaw, dérmica inevitable, tiene la manía de no quedarse quieta nunca, probando con el autostop la piel de una Norteamérica extravagante, plena de personajes hilarantes y atardeceres con grullas voladoras que se empeñan en migrar al rancho Rosa de Goma, ahí también habita un pueblo que cuida los relojes y su gurú el chink, uno que tiene por filosofía tocar a nuestra heroína en esos lugares donde no llega el sol, vale decir cerebro y clítoris.

Otra piel para el tacto más ávido, la poesía de la costarricense Ana Istarú, una voz profunda que viene de algún lugar recóndito de nosotros mismos, su escritura de epidermis sensual, de ritmo sobrio e íntimo. Recuerdo con especial nostalgia la primera lectura del Ábrete Sexo contenido en su libro Verbo Madre, un fragmento reza así:

Ábrete sexo,  como una flor que accede,
descorre las aldabas de tu ermita,
deja escapar al nadador transido,
desiste
no retengas sus frágiles cabriolas,
ábrete con arrojo,
como un balcón que emerge y ostenta al aire sus geranios.

Así, la además bella Ana Istarú, tiene ese poder de quemar naves con literatura, de dejar a flor de piel la carne, una punta de espina destinada a clavarse suave y dolorosamente adentro. Un tacto inolvidable.

También el boliviano Jaime Sáenz expone en Recorrer esta distancia su gozosa y mágica evocación por eso que tocamos y ya no está, dice un fragmento:

De qué te sirve el tacto si estás tan triste,
nadie dice que sin tristeza disfrutarás mucho del tacto,
sino que estarás más ávido,
el tacto al servicio de lo que has tenido y podido…

Así el monumental y siempre renovado Sáenz hablará de esa permanencia del tacto como un sentido nostálgico, que sólo reconoce lo que toca y añora lo que sus dedos ya no pueden abarcar, siendo este por excelencia un sentido poético, predispuesto a la creación literaria, pues en su piel se guardan las cartografías de mapas ya navegados y tierras que aún se guardan para ser descubiertas y quizás conquistadas.

Y si esta hoja fuera eterna, los libros entrañables que he visitado por el tacto sumarían anaqueles y hasta una biblioteca, todos ellos guardados en el entretecho de la piel, en una sensación total y perenne como la que deja un tatuaje. La maravilla de ser tocado como se debe.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s