Escatología del tacto

Hoy presentamos otro artículo publicado en nuestra revista https://unpuntoaparte.files.wordpress.com/2012/10/revista-1-tacto.pdf, de Ariel Revollo, Escatología del tacto. Recomendamos tomar precauciones para aquellos de estómagos delicados.

Despertar de manera abrupta, encender la luz del baño, y sentarse en el trono esperando aligerar la carga de todo lo que se había consumido la noche anterior, y descubrir que solo es un amague del cuerpo, que un gas desubicado te hace creer que hay más que solo aire por salir; pero bueno, hasta el cuerpo miente, así que por las dudas espero un rato más sentado allí. Me relajé un momento mientras rascaba con gusto mi pancita (el diminutivo para esta parte de mi cuerpo es un acto de tacto). El tacto, más allá del sentido fisiológico del mismo, es también esa capacidad para mentir sin mentir, para decirlo con “tacto”; es la habilidad de llevar con delicadeza, con sutileza, con táctica, un asunto difícil de tratar. Como en todo, podemos ver lo positivo del tacto, podemos por ejemplo sentirnos considerados con el otro, o vernos como apaciguadores o tal vez diplomáticos al hacer uso del tacto, pero también podemos vernos como manipuladores hipócritas y con doble moral.

 Esta relatividad con el tacto es lo que le da esa categoría sutil, como muchas otras formas de la mentira indirecta, de esta hipócrita forma de comportarnos, por ejemplo generalizamos para lavarnos las manos de nuestras propias afirmaciones. “No entiendo a las mujeres”, “estos hombres”, la generalización es una suerte de comodín que nos permite achacarle la responsabilidad de lo que ocurre a lo generalizado, además nos concede la sutil distancia de una verdad. Esto nos lleva a otro elemento, las naturalizaciones, convertir en algo natural una afirmación para quitarle la carga ideológica, y por lo tanto convertirla en una verdad absoluta, “es que los hombres son unos putos”, “las mujeres son más emotivas que los hombres”. Si notan, la generalización y la naturalización son muy similares; bueno, podría decirse que es lo mismo, pero tienen sutilezas que las diferencian y, la verdad, no tengo ganas de explorarlas en este momento, la noche ajetreada me ha dejado con gases y como ando medio somnoliento no sé identificar bien un gas de un mojón, así que sigo sentado un buen rato más en mi trono.

 A mí la verdad esto del tacto me parece una manera refinada y creativa de mediar con la realidad  escatológica de las relaciones interpersonales (sí, el tratado de los excrementos, pero manejado metafóricamente, no confundir con el estudio del fin de los tiempos). Sí, sí,  “la escatología del tacto” (el arte de agarrar con los dedos la mierda y no ensuciarnos),  puedo referirme a la escatología del tacto como a esta hipocresía de mierda que no nos permite asumir una postura ante diferentes cuestiones, o el trato amable, ambiguo y sin decisión de las personas al momento de responder. Respondiendo sin responderte, cantinflearle llamaron los mexicanos en honor al cómico Mario Moreno. Divagando un poco sobre las conocidas leyes de Murphy, recuerdo una sobre la falta de papel higiénico en el baño, así que me fijo apresuradamente en que este insumo no me falte (por suerte el rollo aún está bien abastecido), esto hace que también divague en cómo sería este contacto directo con la mierda (en caso de faltar el papel higiénico, o en caso de carecer de tacto, algo de lo que me han acusado muchas veces). Primero uno tiene que hacerse cargo de lo que dice más allá del tacto y la doble moral, o la hipocresía, sería como un meter los dedos en el culo y sacarse la mierda con ellos sintiendo su textura casi oliendo con los poros y las huellas digitales los olores de desecho de esta relación y finalmente un contacto directo con tu ano, es decir ser capaz de responder ante la típica pregunta de “¿cómo estás?”,  “hecho mierda”, aun a riesgo de que el interlocutor ahonde en el tema o decir “yo creo que tú, y no todas las mujeres, eres demasiado emotiva”, decirle “no todos los hombres; sino tú eres un puto” pero eso nos alejaría de uno de los primeros actos creativos que practicamos, uno que lo hacemos de una manera u otra: LA MENTIRA.  Sí, sí, mis amigos, la mentira es el primer acto creativo que ejercemos, incluso se puede decir que la vocación de escritor es ser un mentiroso más pulcro, uno que disfraza sus mentiras con “ficción” y tal vez sea esta relación entre el tacto y la VERDAD y la MENTIRA lo que genera toda esta mierda, y el tacto se convierte en el papel higiénico de nuestra interrelación con la realidad.

 Tal vez lo que hay que hallar son las medidas correctas de toda esta interrelación, no convertir el encuentro con el tacto en un encuentro escatológico de baño, sino más bien en un encuentro culinario, en encontrar el aderezo correcto para que los niveles de verdad y mentira estén adecuadamente dosificados, como quien prepara una buena comida, llevarlo al punto que podamos digerir nuestro contexto, incluso a poder saborearlo, disfrutar los folclorismos de nuestra sociedad y desechar completamente las ideologías con doble moral. Convertir al tacto en el plato donde servimos nuestra actitud al mundo, y no en un papel higiénico que nos deja limpiarnos el culo con todo lo que pasa.

 En fin, ya terminé de cagar. Me siento más libre de continuar con mi día, que por lo visto apunta a ser una mierda, que espero poderla servir en un delicado plato de tacto.

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