La muerte a 24 cuadros por segundo

A continuación presentamos el artículo de Juan Cristóbal Ríos Violand, cineasta y gran amigo. Es parte de la revista Punto Aparte, del número dedicado a las Ñatitas.

La muerte a 24 cuadros por segundo

Por: Juan-Cristóbal Ríos Violand
desde un treceavo piso en LaPazmanta

 Planteaba el filósofo Epicuro la siguiente máxima, que por su contundencia y certeza, alivia de alguna forma la angustia existencial de muchos. La máxima dice: “Porque cuando somos no está y porque cuando está no somos, la muerte para nosotros nada significa.” Poderosa verdad, dado y como diría Ramón Rocha Monroy, el miedo no está en morirse, salvo que sea una muerte dolorosa. El miedo está en no saber qué pasará después. El miedo está en no saber qué haremos, qué seremos, y principalmente y personalmente, en comprender si seremos capaces de aguantar ya sea la nada, el no ser, el no existir. El aguantar la eternidad, la inmortalidad, el ser para siempre. Ante esta situación el cine es el arte que nos alivia. Como estudio de caso de este conflicto, analizo dos películas. Una de autor y otra, una comedia ligera que de nos da algunas respuestas para lidiar con esta poderosa, gigantesca e inconmensurable verdad/intriga que jode.

En la película Memento, de Cristopher Nolan, se plantea el conflicto del detective que intenta desesperadamente vengar la muerte de su esposa de una manera absurda y urgente, dado que ha perdido la memoria a corto plazo y no puedo hacer nuevos recuerdos. Esta conflictiva situación produce que todo lo que realice al planear su venganza carezca de una meta clara. Solo recordará el dolor de esa pérdida y su eternidad será un eterno presente, que en este caso será trágico. “How can I heal time if I cant feel time”. “Como puedo sanar al tiempo, si no puedo sentir al tiempo”, reflexiona al final de la película. Y es que la muerte, para que no sea pesada e insoportable, solo puede ser llevadera si se trasciende al tiempo. No para sanarlo, ni sentirlo, simplemente superarlo. 24 cuadros por segundo eternos. El cine encapsula el tiempo y si la muerte puede encapsular al ser, pues qué compensación más necesaria y qué alivio más certero.

Otro ejemplo de este ejercicio cinematográfico ontológico y existencial, pero en tono rosa y con todas las características del chick flick norteamericano es 50 primeras citas. Esta película del bufón y payaso buena onda Adam Sandler y la patológicamente shinny Drew Barrymore, esboza una trama en la cual la dulce princesa en el paraíso de Hawái no puede, al igual que el actor en Memento, hacer nuevas memorias. Es por ello que, para poder conquistarla, el personaje de Adam está obligado a conquistarla todos los días. Hacer de la imposibilidad de la doncella de hacer nuevas memorias una oportunidad de vivir un eterno presente en el paraíso de Hawái. La muerte debe ser un eterno presente. Un presente sin eternidad ni finitud. La inhabilidad de crear nuevos recuerdos será el antídoto adecuando para soportar una eternidad disfrazada de presente. No fabricar nuevas memorias será la solución, la salvación para librarse de la totalidad del todo y de la totalidad de la nada.

Pero, mas allá de esos dos ejemplos extremos, el cine, valga la necesaria redundancia, encapsula el tiempo. No el cine propiamente dicho en su formato de 35 milímetros, sino el soporte audiovisual, sea este en cámaras compactas, en Red Ones o cámaras de cine Panavisión. Mi abuela en McDonalds hablando del espíritu de mi madre quedará en una cámara de fotos digital y doméstica, al igual que el amor de mi vida descansado en el jardín o simplemente el registro de las calles caóticas de Cochabamba. Esas imágenes y sonidos encapsulados estarán, tal vez no para siempre, salvo que se los suba al YouTube claro está.

La precisión del recuerdo encapsulado eternizará la muerte. Es por eso que el cine juega con el tiempo, jode el tiempo, lo gana, lo supera. El flashback, el flashforward, el presente está en todos estos tiempos. El editor en el timeline de un software de edición, como lo diría el director de cine Ruso Tarkowsky, esculpe el tiempo. Los 24 cuadros por segundos a veces pueden aumentar los cuadros, otras reducir los cuadros. Esos cuadros por segundo elastizan el tiempo. Solo la música puede llegar a manipular estos juegos con el tiempo. Pero la música no tiene imágenes y las imágenes del audiovisual lo concretizan todo. Pensar en cine y muerte, por un lado eterniza la vida para sobrellevar la muerte, y por otro lado nos recuerda que una imagen vale más que mil eternidades. A morir y vivir 24 cuadros por segundo.

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Un pensamiento en “La muerte a 24 cuadros por segundo

  1. he vivido tantos cuadros pero no recuerdo ninguno, en muchos de ellos he muerto, y no fui un heroe en ninguno.
    asi como la vida parece una pelicula de una muerte en 24 cuadros la vida es mas corta que despues de 24 cuadros no recordaras ninguno.

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