La muerte está en nuestras manos

A continuación te proponemos el artículo de Mayra Romero, parte de la revista dedicada a las Ñatitas.

La muerte está en nuestras manos

La Muerte es un punto al que cada uno de nosotros llegaremos. TODOS. No hay discusión en este aspecto. Pero, ¿qué pasa cuando creemos que podemos decidir cuándo los animales deben morir?

En ese afán de creernos seres superiores, los humanos -nos jactamos de matar animales por deporte, por negocio o por hambre- terminamos desensibilizados. No obstante, para los que compartimos la vida con los animales como si fueran hermanos peludos, emplumados o escamosos, el panorama es otro, y mucho más cuando se trata de lidiar con la muerte de éstos.

Tener una mascota para mí implica que inmediatamente se forma un vínculo inquebrantable. La energía que me transmiten los animales es tan única que es difícil que otra persona pueda entenderme, pues mi lado animal se conecta con la naturaleza y estoy más sensible a los sentimientos (sí, dije sentimientos, yo estoy absolutamente segura que los animales los tienen) de las criaturas que la habitan.

Sin embargo, debo admitir que pocas veces me puse a pensar que el animalito con el que comparto aventuras y desventuras se irá, ya sea por causas naturales o no, la idea de una separación permanente con mis bichitos es prácticamente nula.

Los acercamientos que tuve con la muerte de mis familiares emplumados y peludos, han sido muchos, y fue a través de mis manos que mis criaturas dejaron de existir.

Créanme cuando digo que las sensaciones son ambiguas. Si los dioses existen, y estamos hechos a su imagen y semejanza, el momento de quitar una vida es cuando se siente más intenso ese poder infinito que se les atribuye. La vez que tuve que ejecutar a uno de mis compañeros, resultó ser un momento crítico en mi existencia. Como ya dije, pude sentir lo que un dios siente al decidir sobre la vida de otro ser. El mundo se detiene hasta que la existencia se apaga, y estuve consciente de eso. Supongo que lo mismo debe sentir un suicida o un asesino. Supongo también que por eso todavía siguen vigentes las corridas de toros, porque los toreros quieren llenarse de ese poder cada que dan la estocada final a sus indefensas y sufridas víctimas.

Sentirme como una diosa es lo que tal vez sucede a diario con la mayoría del mundo, clamando por el sacrificio de nuestros hermanos cuadrúpedos y alados, presentados, además, en artísticos platillos que son consumidos con deleite.

Pero hay otras sensaciones también, que de seguro, un torero no ha compartido ni compartirá conmigo. Lo que se siente inmediatamente después de quitar una vida es culpa y dolor. La culpa, no obstante, llega a atenuarse. Pero el dolor, es algo permanente. Ese tipo de dolor no es físico, pero trasciende a lo físico. Fui capaz de entender que ningún analgésico o sustancia lo haría irse, y esto empeora cuando se es niña o adolescente, pues parte de la inocencia que se tenía llegó a su fin.

Esta situación me ha “incomodado” desde pequeña. Recuerdo cómo lloré cuando pasé por La Calle de las Brujas por los cadáveres de animales que colgaban en los puestos de ventas. No puedo decir qué me consternaba más, si verlos ahí venteándose o pensar en que además de haber sido asesinados, serían quemados.

Actualmente, he llegado a un punto de mi vida en el que hasta comer carne me jode. Realmente me jode. No porque la carne haga engordar ni porque tenga mal sabor, sino porque no puedo evitar pensar en todo el proceso por el que pasa el animal antes de morir.

¿Por qué soy hipersensible a la muerte de los animales? Porque no puedo con mi naturaleza misántropa. Sé muy bien que los humanos provocamos muerte a nuestro alrededor, que nos buscamos ese destino en cada uno de nuestros movimientos. Pero los animales no, los animales (y también las plantas) están aquí para mantener un equilibrio que va más allá de nuestro propio entendimiento, y al no comprenderlo, los humanos lo destruimos.

Lo único que espero, es que cuando me toque partir hacia el Más Allá, me acompañen en el camino los que me acompañaron en vida, y con eso me refiero a mis hermanos peludos, emplumados y escamosos.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s