Con la frente marchita

Queridos amigos: hoy comenzamos a cargar los artículos y cuentos que se publicaron en el tercer número de la revista Punto Aparte, Abuelos, que puedes descargar en pdf aquí. A continuación encuentras la nota editorial.

Con la frente marchita

Recordamos a nuestros abuelos. Los recordamos en cada gesto, en cada palabra, en cada movimiento. Ya se hicieron hace tiempo parte nuestra, porque somos hijos de nuestros padres que son sus hijos, y que aprendieron (queriendo o sin querer) la vida con ellos. Este número de la revista es un homenaje a nuestros antepasados. Hay muchos tipos de abuelos, y por eso queremos presentarte los que guiaron nuestras palabras:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.

El primer lunes del mes de abril de 1625, el burgo de Meung, donde nació el autor del Roman de la Rose, parecía estar en una revolución tan completa como si los hugonotes hubieran venido a hacer de ella una segunda Rochelle. En la bella Verona esto sucede: dos casas ambas en nobleza iguales con odio antiguo hacen discordia nueva. La sangre tiñe sus civiles manos. Por mala estrella, de estos enemigos nacieron los amantes desdichados: sólo su muerte aniquiló aquel odio y puso término a la antigua cólera. Nada sino la muerte de los hijos pudo llevar los padres a la paz.

Cuando leas esto, yo que ahora soy visible, me habré vuelto invisible. Entonces tú serás compacto, visible, y realizarás mis poemas, volviéndote hacia mí, imaginando cuán dichoso sería yo si pudiese estar contigo y ser tu camarada…

Llamadme Ismael. Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Una tarde extremadamente calurosa de principios de julio, un joven salió de la reducida habitación que tenía alquilada en la callejuela de S… y, con paso lento e indeciso, se dirigió al puente K… Había tenido la suerte de no encontrarse con su patrona en la escalera.

-Navidad no será Navidad sin regalos -murmuró Jo, tendida sobre la alfombra.
-¡Es tan triste ser pobre! -suspiró Meg mirando su vestido viejo.
-No me parece justo que algunas muchachas tengan tantas cosas bonitas, y otras nada -añadió la pequeña Amy con gesto displicente.
-Tendremos a papá y a mamá y a nosotras mismas -dijo Beth alegremente desde su rincón.

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

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