Crema Antiarrugas

A continuación presentamos un artículo de Mayra Romero Isetta, parte del tercer número de la revista Punto Aparte dedicada a los abuelos que puedes descargar en pdf aquí. Mayra nos propone un tema distinto: el miedo a envejecer. Esperamos sus comentarios.

Crema Antiarrugas

En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven. (Oncólogo brasileño Drauzio Varella, ganador del Nobel de medicina).

El otro día encontré esta frase mientras navegaba por la red; cuando la leí fue inevitable recordar una imagen traumática de la que fui testigo en el gimnasio hace unos días. Resulta que mientras esperaba a que mi clase empiece, no pude evitar dirigir mi vista hacia un ser que subía las gradas con todo garbo y coquetería. Resultó también que yo no era la única que observaba hacia esa dirección, pues este ser llamaba la atención tanto de hombres como de mujeres. El ser en cuestión era una señora que, por las marcas en su rostro, debería estar por los 45 a 50 años. Pero, ¿por qué llamaba tanto la atención? Pues la mentada señora tenía implantes tanto en los senos como en los glúteos, y la artificialidad de los mismos era tan notoria que no hubo alma en el gimnasio que no se detuviera a verla. No por chequearla, no, sino porque la desproporción corporal que causaban los implantes era tal que nadie pudo resistirse a observarla, como los fenómenos de los circos de antaño. Me atrevo a asegurar que no fui la única que pensó en empujarla por las escaleras, a ver si rebotaba o reventaba.

Yo sé que al llegar a este punto el lector o lectora se preguntará: ¿qué hago escribiendo sobre implantes si el tema son los abuelos? Pues, lastimosamente, mi relación con mis abuelos no fue de las mejores, así que decidí escribir sobre algo que cada ser humano tendrá que vivir y aceptar en algún punto de su vida: envejecer.

El proceso es feo porque nos ponemos feos, al menos físicamente. Lo particular del asunto es esa nuestra obsesión por disimular, ocultar o retrasar esta inalterable etapa. Admito que hasta yo misma me repito la idea: “prefiero tener acné a tener arrugas, así se disimula mi verdadera edad.” Y así como yo, el resto del mundo también trata de enmascarar cuántos años tiene. Algunos con éxito, otros no (como la doña del gimnasio).

Creo entender por qué envejecer asusta tanto: vivimos una vida tan superficial y material que nosotros mismos nos causamos el desgaste físico y mental. Y digo “vivimos” porque yo también soy consciente de que mis hábitos alimenticios y deportivos no son nada admirables. El hedonismo de nuestros actos nos aferra a una vida que es efímera.

Yo sé que a muchos no les va a gustar lo que estoy escribiendo, pues el tema de la edad siempre hiere sensibilidades, mejor dicho, vanidades, las cuales para desgracia nuestra no envejecen como los cuerpos. Sé que los años enriquecen con experiencias y que ser mayor otorga solemnidad a nuestra existencia, pero nadie es capaz de admitir que el proceso de deterioro es doloroso, y no solamente porque terminaremos arrugados, también duele el deterioro mental, tal vez duele más que el corporal. Sin embargo, para eso no hay crema antiarrugas que nos ayude.

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