Inocente vergüenza

Hoy les proponemos un texto de Vladimir Andia, parte de la revista dedicada a la vergüenza que puedes descargar en pdf aquí.

Inocente Vergüenza

Al final del día, cuando me encontraba casi perdido en un profundo sueño, aparecieron, casi extraños, algunos recuerdos pasajeros, que hasta hoy ya no me despertaban. Estaba yo, como siempre, tímido, de ojos abiertos, hablando solo en la habitación… ¿Cual habitación? No lo sé… cualquiera, mi cuarto la oficina, la sala, todos son espacios en los que uno puede divagar con los escenarios posibles, con las conversaciones posibles, con las reacciones posibles… hablando de lo mucho o lo poco, de lo grato y lo intranquilo, de cómo cambian los colores del cielo mientras el minutero avanza un tanto más lento que el segundero del reloj que no veía, que no llevaba puesto… que simplemente no tengo; de las conversaciones pasadas y las que nunca ocurrieron y ya no iban a ocurrir, de los sueños perdidos y las realidades encontradas, cuando de repente, sentí una puñalada en mi espalda y desperté sobresaltado y me reí… era solo un sueño, un titubeo… y yo sonreía.

Sin embargo, es un momento preciso para recordar tantas cosas que quedaron por decirse, tantas personas que pasaron y no se terminó de decir lo que se debía decir. Tantas situaciones en las que no se dijo lo que se quiso decir y tantas situaciones que parecían engorrosas y que ahora sólo causan risa.

Son temporadas, supongo… y prefiero no decírselo a muchos porque temo despertar pesar o condescendencia, pero en muchas ocasiones dejé pasar las cosas por el simple miedo a no saber qué pasaría, dejé que vencieran el miedo, la timidez y, en muchos casos, la vergüenza de entrar en acciones cursis… tanto que a veces no me sentía tan a gusto con mi conquistada soledad, digo conquistada porque aprendí de manera contundente los encantos de estar conmigo mismo o con otros, siempre como una opción deliberada.

Y de a poco aprendí los encantos de circular por la vida sin restricciones aceptadas o impuestas, aprendí el placer de sentarme por ahí solo a hacer las cosas que la mayoría hacen acompañados o no, aprendí que los amigos y las amigas constituyen una forma de amor sin trampas, que nunca hay que privarse de una  buena charla y un café con un/a desconocido, que a veces no es tan malo “hacer el oso”, que a pesar de todo lo que uno haga no siempre el mundo gira alrededor de uno, que está bien equivocarse de vez en cuando y asumirlo, que no hay vida en un accionar de solamente éxitos, que los miedos de alguna forma impulsan acciones que prueban nuestros límites.

Y siento/pienso, no con tanta frecuencia -excepto en momentos como este de retada valentía- que quiero menos misterios y mas certezas para intentar reinventar lo que yo creo que debería hacer o definir. Dejar de lado las páginas inconclusas y empezar a llenar las nuevas páginas sin desperdiciar ni un reglón, dejar que fluyan las letras y las experiencias y se escriba todo… sin mesuras, sin temores y sin vergüenzas, sabiendo que la vida es un algo incierto y por ende está permitido equivocarse.

Sin duda alguna, se siente extraño cuando después de todo despiertas, cuando después de haber huido te encuentras, cuando existen situaciones en las que no encuentras palabras suficientes para hablar, cuando tu cuerpo es el que en muchas ocasiones te limita tan misteriosamente a todo. Cuando no logras restaurar los recuerdos a los que te les escondiste, cuando no logras recordar muy bien porque no querías despertar, cuando no logras recordar para qué necesitabas más palabras o para qué querías más libertad de la que ya tenías.

Y busco entre mis viejos CDs las “canciones himno” que otrora consolaron mis penas, acompañaron mis alegrías y frustraciones, aquellos libros mágicos donde siempre encuentro una pócima que me devuelve todo lo que perseguí, porque aunque no recuerdo qué tan triste o qué tan maravilloso fue, ahora quiero vivir para no repetir el error de haber muerto… de haber jugado con cuchillos sobre mi piel maltrecha que me conducen a una salida mortal en forma de ataúd andante como última solución para un sueño que no fue…todo por un inocente temor o una inocente vergüenza…

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