Shame on you!

Mayra Romero nos cuenta sobre la película Shame en el cuarto número de la revista Punto Aparte. ¿Tú también sentiste vergüenza ajena?

Shame on you!

Cuando, como comité editorial, decidimos que la temática para este número fuera la vergüenza, la asociación directa que hice en mi mente fue con un filme llamado Shame, que traduciéndolo, conseguimos Vergüenza. Esta pieza cinematográfica está dirigida nada más y nada menos que por Steve McQueen, y nos plantea una argumento que terminará avergonzando a más de uno.

Tocar temas como la depresión es común en el cine, pero combinarlo con la adicción al sexo es otra cosa. Es así que en esta obra de arte los personajes, un hermano y una hermana, tienen problemas emocionales muy serios. Él es adicto al sexo, ella es depresiva, ambos conocen las afecciones del otro, pero ninguno se atreve a confesarlo porque ambos se avergüenzan de sus respectivas complicaciones.

El fondo de todo es que ambos personajes sufren de soledad crónica, y tanto la adicción al sexo como la depresión son producto de este estado. Entonces, como ninguno de los dos tiene el valor de admitir que tiene un problema, se van hundiendo hasta llegar a situaciones extremas, insoportables para ambos.

Y fue así que, después de ver esta película, terminé preguntándome cuántas veces he preferido lidiar con experiencias estresantes a experimentar un poco de vergüenza y admitir mis errores.

Sé y aseguro, que no soy la única que se avergüenza de sí misma, y que en lugar de enfrentar realidades -que al fin y al cabo son pasajeras- optamos por embarrar más las cosas. Y esto, como en el filme, nos empuja a buscar salidas de emergencia que por lo general, no resultan ser las correctas.

Una escena de esta extraordinaria película transcurre de la siguiente manera: la hermana llega al departamento y entra al baño, donde pilla a su hermano masturbándose. Cierra la puerta bruscamente, y al hacerlo ella esboza una sonrisa. Por otro lado, su hermano reacciona violentamente, y lo único que quiere es hacer daño a su involuntaria descubridora.

Si yo estuviera en frente a cualquiera de los lectores y preguntara si alguna vez en la vida han sido pescados cuando “exploraban sus cuerpos”, yo sé que en lugar de responder, la mayoría se sonrojarían, bajarían la mirada, algunos se quedarían callados y evitarían el tema, otros balbucearían monosílabos incomprensibles, pero pocos admitirían su pecado.

Lo más chistoso de este tema es que lo que nos avergüenza casi siempre resulta ser algo de lo más natural, como el sexo o la masturbación. Llorar y estar triste también es algo muy natural; no obstante, la acción de limpiarse la cara y disimular que todo está bien es muy común. Y lo peor de todo es que no sólo sentimos vergüenza de nosotros mismos, ¡también tenemos que sentir vergüenza ajena! Tuve la oportunidad de ver la película acompañada, y cada vez que había una escena de desnudos frontales –y de paso masculinos- mi acompañante no podía evitar sonrojarse.

El ser humano se caracteriza por ser consciente de la mayoría de sus actos, pero no creo que podamos considerarnos más evolucionados que otros bichos si seguimos avergonzándonos de nuestra propia naturaleza. Seguir haciéndolo nos llevará a hundirnos cada vez más en una sociedad que tiene como pilar fundamental la hipocresía para con nosotros mismos.

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