Excusas

En el número dedicado a la vergüenza, Cecilia De Marchi escribe sobre nuestro muro de defensa: las excusas.

Excusas

Me da vergüenza mostrar mi cuerpo desnudo. Mi cuerpo, mullido, redondeado, con estrías, que maltrato a diario a fuerza de sedentarismo, mala alimentación y cigarrillos. Desnudarse se convierte en un salto al vacío.

He tenido una adolescencia difícil. No estaba marcada por acné o por las proporciones de mi cuerpo, sino por otras cosas. Me molestaron y escapé. No soy de las que recuerda con nostalgia la escuela o la adolescencia. Ni siquiera mis primeros pasos en la universidad. Solo trato de mirar al frente.

Además, mi acento, mi árbol genealógico y mi manera particular de ver el mundo se hicieron cómplices para la creación de una red de salvataje muy mía, que me pusiera a salvo de todo lo que viniera de cualquiera y cualquier cosa que no sea yo.

Tengo una red de excusas fabulosas. Puedo encontrar un argumento válido para casi cada olvido, desatino, despiste o metida de pata. Y las hay. Enormes. Las excusas son cada vez más creativas y convincentes. Tan convincentes que corro el riesgo de creérmelas.

De veras es difícil reconocer cuándo un argumento deja de ser una posición para convertirse en un escudo. Pero está a mi alcance siempre. Lo levanto como gladiador para estar lista ante el ataque, aunque no tenga muy claro de dónde se me está embistiendo –o si realmente hay una embestida. Bajo el escudo un momento. ¿De qué me defiendo? ¿Qué oculto? ¿Hay de veras un ataque?

Me miro al espejo. Creo que me defiendo de mí misma, de la vergüenza de no enfrentarme. El único ataque que sufro en este momento es el de mis prejuicios, los mismos que uso como excusa. A lo mejor sea tiempo de dejar de estar a la defensiva, y hacer algo. Soy un ser humano, he sufrido, he reído. Soy grandiosa, soy miserable, soy una cretina. ¿Qué es lo que prima? ¿Qué o quién soy? En últimas no importa tanto. Si soy capaz de volcar la mirada hacia mi interior y confesarme, confesarme las verdades, reconocer mis límites y mis milagros, tal vez no me falte tanto para bajar la guardia y seguir.

 

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2 pensamientos en “Excusas

  1. “Tengo una red de excusas fabulosas.” Esa frase es tan (fabulosamente) tuya. Y de veras, quita el escudo protector de comentarios. Quienes leen tu revista no suelen ser vAndalos. Si algún comentario fuese realmente ofensivo (lo dudo) entonces nomAs lo quitas y ya.

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