Geraldine | Pop

Queridos amigos, publicamos un artículo de Yana Alkho (Ariel Revollo Fernandez), parte del número 5 de nuestra revista Punto Aparte: POP. ¡Buena lectura!

Geraldine

Las carnes y el cuerpo ovoide flotaban en el caldo denso y blanquecino. Mi cuchara se hundía para emerger cargada con el elixir que me quitará esta condición alcohólica. En realidad no es muy cierto, pues para acompañar mi caldito de por el matadero (sí, ya sé que ahora se llama mARTadero) pido dos endiabladas (cervezas bien frías). La madrugada se aproxima, ya deja notar su rojizo destello más allá del horizonte, y el local se comienza a llenar con parroquianos de toda naturaleza, todos con algunos tragos de más sobre el almita, algunos solo con hambre y otros con esa hambre de quién sabe qué. Yo me encuentro en este último grupo. Pongo las endiabladas en la mesa contigua a la mía y me siento preguntando si puedo invitarles una cervecita. No espero respuesta de ninguno de los allí sentados, y ya estoy atornillado en la mesa mirando de frente los rasgos fuertes y marcados que denotan que ella es en realidad un él. Se me antoja llamarla Geraldine, por el personaje de una novela que leí hace poco, pero ella llevaba un nombre más común: un claudia o carla, la verdad ya no me acuerdo…

Tanto la Geraldine de la novela como la de los calditos rondaban mi cabeza. En realidad, la idea del travestismo rondaba mi cabeza, no de la transexualidad: el travestismo, el asumir mediante el cambio de vestimenta y actitud otro rol, el transformar ya sea con fines dramáticos o con motivos satíricos, la construcción de sus códigos y de los códigos de todos los que nos interrelacionamos con ellos, con algún tipo de filtro la gran mayoría, pero al final el filtro se rompe con las endiabladas en la mesa y la corteza cerebral dopada por el alcohol. No es poco común escuchar a estas señoritas decir “muy machito, muy machito, pero al final igualito conmigo quieres”. Bueno pues, una vez que quitamos el filtro y nos encontramos con ella -ya sien-do una ella- en un bar de mala muerte curando la resaca por haber estado trabajando en un loquero hasta tarde, con una charla más ruda porque así sea hombrecito o mujer el ámbito que le tocó para vivir es un ámbito rudo, con muy pocas posibilidades, puedes compartir una chupa hasta el amanecer y un poco más, puedes recibir excelentes consejos para cuidar tu piel o a ti mismo de una ella que entiende perfectamente lo que tus hormonas masculinas te hacen.

¿Cual es la diferencia entre un loco y un excéntrico? El dinero… así es que en campos relacionados con la moda, el arte pop, Geraldine no es una minoría subestimada y aislada, es aquí donde ella puede ejercer, más allá de puta, su identidad… Es bastante angustiante, al menos para mí, que la industria cultural tenga una mayor apertura a las diferencias -así sea de una manera superficial- que la sociedad en su conjunto, o que el arte “selecto”. Me pone en alerta de que aun los que tenemos mayor apertura, somos hipócritas de una manera tan arraigada que seguimos usando términos como “loca, trabuco”, seguimos con ese afán de catalogar todo, a tal punto que creamos categorías especiales para lo travesti. En la misma novela donde conocí a Geraldine, el narrador (personaje ficticio de dicha novela) y pareja de ella, afirma que de enterarse de su condición de “él” dejaría de ser la creadora apasionada, con una fuerza en su obra capaz de conmover al que sea, para “convertirse” en una “artista travesti” más del montón que hace un excéntrico “arte de trabuco”.

Hace no mucho, dos diseñadores conocidos como “Las Rubias”, vistieron una Barbie de manera glamorosa con lentejuelas y brillantes con un pelo esponjado y suelto, pero al ser ellos “Las Rubias”, se armó tremenda polémica por la primera Barbie travesti. No estamos dispuestos a que toquen nuestros íconos, ni a aceptarlos en nuestro cotidiano, solo las élites de la moda les han dado cabida, convirtiendo a las afortunadas en una estrella del glamour; mientras, tanto intelectuales como el común de la gente, aún marcamos el rechazo. Al menos, el común de la gente apela al sentido común -que de sentido tiene poco- y de manera menos hipócrita las margina, mientras los “pensadores” o la gente “bien” manejan una falaz tolerancia… Aún tengo a Geraldine, rondando en mi cabeza, la imagino botada en la cama desnuda al amanecer, sonriendo y dormitando, siendo una diva, buscando con la mano bajo la cama el control remoto del televisor que no puede alcanzar, y yo, igual que el autor de la dichosa novela, tecleo este texto mientras ella ríe quedito y la luz resalta su belleza.

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