No me preguntes, tan solo soy una chica, ajá | Revista Punto Aparte

A continuación te presentamos un texto de Mayra Romero Isetta, que nos habla de la reina del pop -no, no es Madonna. Esperamos que lo disfrutes. Es parte del quinto número de la revista, POP.

No me preguntes, tan solo soy una chica, ajá

A finales de los años 50, nació la que sería la hija predilecta de la mayoría de las niñas, adolescentes y mujeres de las siguientes generaciones: Barbie. Si bien en el mercado ya existían muñecas con características adultas para ese entonces, fue la rubia de ojos azules y cintura de avispa la que se hizo famosa mundialmente.

¿Qué mujer, en la actualidad, no se siente halagada si la comparan con dicha muñeca? La popularidad de este juguete ha llegado a tales extremos, que ahora existen especímenes humanos que han modificado su físico para ser una copia de carne y hueso de este ícono cultural.

Y es que en eso se ha convertido esta señorita de plástico, en un ícono no solamente en el mundo de los juguetes, sino también en el mundo de la moda y de los estereotipos físicos, que millones de niñas tratan de imitar.

El alcance de Barbie ha sido tan extenso que incluso cuando se lanzó al mercado a su amiga afroamericana, “Christie”, esta no contaba con los rasgos típicos afroamericanos, era solamente una muñeca oscurecida. Y lo mismo pasó con el resto de sus amigas interculturales, no importaba que las hubiera asiáticas, del Medio Oriente o latinas, todas tenían el mismo físico que su amiga gringa. Sus rasgos no eran representativos de estas razas, por el contrario, todas eran como clones mal hechos de la rubia.

Mea culpa, en su momento yo también quise ser una Barbie, vestirme como ella, tener sus fabulosos accesorios, tener amigos de todas las razas como ella, y, sobre todo, tener un novio tan guapo y musculoso como el que tenía ella. Claro, con el pasar de los años, mi primer choque con la realidad fue asimilar que mi constitución física natural no me permitiría tener esa cintura tan marcada y esos senos tan prominentes. El segundo golpe fue cuando fui consciente de que Ken era completamente estéril. Sentí pena por la vasta colección de muñecas que había amasado hasta entonces, pues ninguna de ellas podría despertar a la diosa que tiene dormida estando acompañada de parejas que no tenían la parte anatómica más entretenida.

¿Quién diría, no? Una muñeca es ahora uno de los símbolos más representativos de la cultura pop. Pero ¿a qué está conduciendo este modelo de vinilo? Muy al estilo de Lisa Simpson, me atrevo a decir que a nada bueno. Y lo sé porque yo también caí en la trampa del marketing.

Honestamente, ahora quisiera sentirme como Kent Brockman cuando tiene su “conversación” con la versión inteligente de Stacy Malibú, “Lisa Corazón de León”. Sin embargo no es así, porque una Barbie, una Stacy Malibú, una Bratz o una High Monster NO son reales NI representan la realidad. Las mujeres reales no sonreímos tontamente todo el tiempo, ni tenemos el ropero lleno de ropa de diseñador, gracias a los Dioses que nuestros hombres no son como Ken (y realmente, qué bien que no son como el Ken de Toy Story 3); pero sobre todo, las mujeres reales no tenemos la cabeza hueca y no decimos: “No me preguntes, tan solo soy una chica, ajá”.

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