La venganza de los nerds

Te proponemos el artículo de Mayra Romero Isetta, parte del sexto número de la revista Punto Aparte, dedicado a la venganza. Nada como saber que pasaste de ser un bicho raro a ser the new sexy.

La venganza de los nerds

Desde hace un par de años los Nerds, Geeks y Freakys del mundo han tenido su reivindicación en el mundo del espectáculo. Bajo la premisa “Smart is the new sexy”1, los personajes -y la propia línea argumental- de The Big Bang Theory han llevado a un nuevo nivel al estereotipo de persona inteligente, estudiosa y sobre todo, retraída socialmente.

Recordemos a los no bien ponderados y sí muy tipificados nerds de otros programas: Wilma de Scooby Doo, Steve Urkel2, el Pitufo Filósofo, Data de los Goonies, Carlton del Príncipe del Rap, Milhouse… Todos ellos fueron creados con el mismo molde: con gafas, un sentido de la moda prácticamente atrofiado, vivencias catastróficas y siempre, siempre, siempre dentro de las fronteras de la tan temida “friendzone”3.

Chuck Lorre, creador de esta nueva serie tan original, se planteó el reto de incluir actores y actrices protagónicos que no tengan cuerpos, caras y cabelleras perfectas. Al contrario, su elección fue de lo más acertada, pues ahora la delgadez extrema del Dr. Sheldon Cooper4 (comparado muy a menudo con una mantis gigante), el pesimismo de Leonard, el muy peculiar estilo de conquistador de Howard y el mutismo selectivo para con mujeres (y hombres algo afeminados) de Raj, han cautivado a miles de televidentes, superando toda expectativa en rankings y premiaciones.

La libertad que produce saber que ahora los “raros y raras” tenemos héroes televisivos es realmente reconfortante, porque, detrás de toda mi colección de zapatos y maquillaje, yo tengo más de Sheldon que de Penny. Identificarme con el cuarteto de amigos, y después con sus respectivas novias -exceptuando a Penny, claro- fue más de lo que podía esperar de esta serie.

“No estoy loco, mi mamá me hizo pruebas” fue la frase que hizo que me sienta frente a un espejo, cuando Sheldon la dijo, entre risas, no pude evitar que se me salieran las lágrimas, pues automáticamente mi memoria fue hasta la gaveta donde está un encefalograma mío con sus respectivos resultados anunciando mi “normalidad”.

Sin embargo, un capítulo con el cual no pude reír a carcajadas como lo suelo hacer,fue cuando Bernardette, la prometida (en ese entonces) de Howard obtiene un posgrado más significativo que el de su pareja, gracias al cual accede a una paga más generosa. Entonces, el muy llamativo Howard, comienza a rechazar a la dulce Bernardette, acomplejado de su propia situación profesional. Todo el capítulo fue muy doloroso de ver. Supongo que adivinaron por qué. Si sigo soltera y sin compromiso es justamente porque mi vida amorosa es una repetición constante de este episodio. El rechazo por mi condición de freaky o nerd, o ambos, más mi independencia económica, se ha convertido en rutina en mi vida.

Por eso es que refuerzo la idea de que gracias a esta serie, aquellos que fuimos -y a ratos seguimos siendo- rechazados por ser diferentes al resto de los mortales “normales”, ahora tenemos una muy buena excusa para mostrarnos al mundo sin pretender o aspirar a ser “niños bonitos”. Es ahora, que podemos vengarnos de los populares, los pendejos y los bullies. Vengarnos y echarles en cara que si no fuera por los “ratones de biblioteca” ellos no tendrían los productos de consumismo masivo que los convierten en “alguien”. O mejor aún, echarles en cara que ahora admiran a los raros.

Notas

1 Tratando de traducir la dichosa frase, choqué con varias opciones, tal vez, la más cercana –pero esto lo dejo manipulable al gusto de los lectores– sea: Los listos somos los nuevos chicos sexys.
2 Este personaje es, desde un punto de vista muy personal, el que más ha tipificado a los nerds: lentes gruesos, camisas a cuadros, pantalones sujetados con tirantes, y que además llegaban solamente a los tobillos. Se agrega también el gran talento que tenía para la química, pero la mala suerte que lo acompañaba al momento de llevar a cabo sus experimentos. Para quienes no lo recuerden, les sugiero buscar en la red la serie Cosas de casa.
3 Para quienes no están tan familiarizados con el término, me refiero a la tan emputante oración pronunciada tanto por hombres como mujeres: “es que te quiero más como amigo (a)”.
4 Si el propio Sheldon leyera el artículo, y no estuviera incluido su título de doctorado, estoy segura que me corregiría.

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