Charlie y el cantante | Perros

Esta es la traducción al español del cuento de Veronica Adriani, parte de la revista dedicada a los perros. Traducción de Cecilia De Marchi Moyano.

Charlie y el cantante

“Vamos, si fueras un cantante no dedicarías nunca una canción de un perro.

Fíjate en el gato: suave, peludo, sinuoso, arrogante, independiente. Y podría seguir por horas encontrando adjetivos.

Descríbeme ahora el perro. ¿Qué se te viene a la mente fuera de “el mejor amigo del hombre”? No repitas que también él es suave y peludo: demasiado fácil. Y, de todos modos, no importa el adjetivo que encuentres, el perro no puede competir con el gato: el gato tiene otro estilo.

Si un gato decide que quiere algo, lo obtiene. El perro, si no lo consigue, te agradece lo mismo. El gato come solo comida fina –oh, oui, il est si difficile…– y ronronea solo si y cuando quiere. El perro, en cambio, mueve la cola. Mueve la cola continuamente, sin descanso, sin sentido. Por cualquier cosa. Mueve la cola para ir a recoger un palo, mueve la cola si le tiras una piedra, mueve la cola si regresas a casa después de un día de trabajo. Y bueno, yo no puedo soportar todo ese mover de cola: es un desperdicio de energía. Fíjate en el gato: él usa solamente las energías que le sirven para comer, jugar y lavarse. Sí, porque el gato se lava. No como el perro, que pasa los días rodando en el barro y en cualquier cosa que tenga la forma y textura del excremento, para luego regresar a casa y –moviendo la cola– esparcir por todas las habitaciones limpias esos gloriosos restos conseguidos con tanto trabajo.

Me dirás ahora que puedes llevarte el perro a cazar, o a la montaña. Muy cierto: y luego debes ir a atraparlo en los bosques, porque él va, pero no regresa. Él sigue a los animales. ¡Y no hay una buena vez que logre atrapar uno! El gato, si apunta a un pajarito fuera del jardín… ¡zac! Se prepara, se acerca, se lanza, y de ese pobrecito no queda ni el pico. El gato, sí, es un buen cazador. Presta atención: lo es por instinto, por naturaleza, no lo debes amaestrar para cazar, lo hace por sí mismo.

Y luego, pongamos que tú decides ir una semana al mar en lugar de ir a cazar o a la montaña. ¿A quién dejas el perro? Sabes, ese saco de pulgas que está allí en un ángulo mientras hablo contigo por teléfono, esa sobra de pelos y saliva, justamente él, me costará una fortuna este verano. Lo debo dejar en un asilo, porque él no se puede quedar en casa solo. No usa el arenero, debe salir todas las mañanas a las seis y media para hacer sus necesidades, tanto si nieva como si diluvia. Aunque se caiga el mundo, debe salir. Y rodar en la caca. Y mover la cola al regreso.

Serás mi agente, pero presta atención: yo a ese monstruo no le dedico una canción, que quede claro. Más bien la escribo para el gato”.

*****

Charlie, mientras el Cantante hablaba por teléfono con su amigo, se había acurrucado en un ángulo de la habitación, cerca de un calefactor. Había escuchado todo, y había sacado sus conclusiones.

Pase la comparación con el gato –con el que, al fin y al cabo, estaba bastante de acuerdo– que había llegado a casa antes que él y que –con todo derecho– dominaba un poco la casa. Pase también el discurso de la caca, las carreras en los bosques y la comida: él tenía un espíritu proletario, y estos conceptos pequeño-burgueses lo tocaban solo hasta cierto punto. Pase también la historia del saco de pulgas y del monstruo, incluso lo de sobra: era un bastardillo, habían seguramente perros más lindos, limpios y peludos que él. Pase incluso el nombre Charlie, que –digámoslo– demostraba cierta escasez en la fantasía del patrón, además porque el gato se llamaba Félix, y si hubiera una competencia por el nombre más banal, a ese punto, podía no ser el seguro ganador.

Pero lo del asilo, eso no se lo podía tragar.

Le disgustaba un poco por el Patroncito, el hijo del Cantante, porque habían pasado juntos momentos hermosos. Tal vez se habría sentido mal, quién sabe. Tal vez habría regresado para verlo.

Charlie se levantó en sus cuatro patas, aprovechó que la puerta estaba abierta y salió. El Cantante no lo volvió a ver.

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