What’s POP got to do with it?

Queridos amigos, publicamos un artículo de Jota Gordillo, parte del número 5 de nuestra revista Punto Aparte: POP. ¡Buena lectura!

Ilustraciones de Jota Gordillo para el número 5 de la revista Punto Aparte: POP

What’s POP got to do with it?

Jota Gordillo P.

POP: Palabra habitualmente usada a modo de peyorativo para apelar o calificar un gusto y/o estilo musical sumamente comercial.

¿A qué nos sonó desde siempre? A efímero, a viral. Nos suena a vendido. Al enemigo natural del rock. A algo que levantó y hundió a Mtv en menos de 20 años, en aquellos días en los que solía pasar música y que ahora nadie recuerda. A que durante una larga e ignominiosa época, coincidente con el cambio de milenio, fue bandera de solistas y boy/girl bands, que no tenían más que ofrecer al mundo salvo sus caras bonitas, sus cuerpos lujuriosos y sus mega producciones hechas clip. Personalmente, me trae a la mente un olor a chicle masticado durante horas. Un olor que a fuerza de escuchar esas canciones de moda -a toda hora y en todo lugar sin siquiera quererlo- creía que emanaba de mis oídos, como si dentro el chicle se formara cual cerumen, para proteger mis oídos. Cómo odié esa época.

Muchos dirán que no faltan razones para detestar el pop. Es empalagoso, es el tipo de música que probablemente mucha gente que nunca te cayó bien escucha. Por más estúpida y rasca que sea la letra, más aún si es en otro idioma, la gente la corea a voz en cuello (y mal). Invade todo espacio público y transgrede tu derecho a escuchar lo que quieras: el transporte público, entidades públicas y privadas, galerías, centros comerciales. Pero para muchos, lo que más ofende de estos bodrios es la superficialidad y falsedad inherente, tanto de público como de intérprete, y lo que éstas generan. Hordas de preadolescentes histéric@s jurando que el ídolo de turno es lo mejor que le ha sucedido a este mundo y estrellas prefabricadas que se creen el cuento.

Pero bueno, hecha ya la bilis olvidémonos de las buenas razones, los recuerdos tortuosos, los rankings, la música brasilera de moda, los 40 Principales y tratemos de ver el pop un poco más allá de la esfera a la que generalmente hace referencia.

Empecemos por considerarlo, por encima de todo, como un fenómeno que tiene que ver con la cultura popular. Con lo que el pueblo produce y consume. Y creo que a estas alturas -salvo que te creas muy especial, erudito, aristócrata o marciano- en ese saco cabemos todos. Aunque no nos guste, refleja lo que somos. Se puede decir incluso que es un efecto de cada sociedad, que bajo su propia idiosincrasia sociocultural y tiempo histórico genera su particular tipo de pop, llámese tango, jazz, blues, be bop, R&B, rock ‘n’roll, rockabilly, twist, soul, rock y heavy metal –y sus 102873648 variaciones y ramificaciones desde 1967 a la fecha-, el funk, el hip hop, el disco, la electrónica, la MPB, la bossa nova, la trova, el reggae, la salsa, la cumbia, el neo folklore boliviano y latinoamericano, la balada, el reggaetón y largo etcétera.

La música popular siempre tuvo que ver con el gusto del individuo y el colectivo, pensado para englobar tanto a las mayorías como a los grupos segmentados, ofrecer algo para el consumo cultural particular. Históricamente, el músico del siglo XX, a diferencia de sus predecesores, salió de la calle e hizo música para la gente de la calle. Obviamente la música popular existió siempre, pero fue la industria, la tecnología y la vida del siglo XX la que la hizo accesible y, por qué no decirlo, rentable.

Al final todo termina siendo pop, no tanto por género como por fenómeno. Alguien que lo haga y alguien que lo consuma, quitando toda etiqueta del medio. Muchos dirán que los géneros más radicales de rock no tienen en absoluto algo que ver con el pop. Pero… ¿Tú crees que esa banda oscura y nórdica llegó hasta tus oídos porque así lo quiso Thor? No creo.

En esencia, el mismo fenómeno masificado de euforia en los conciertos que se ve en conciertos de Justin Bieber sucede -salvando las enormes diferencias, no vayan a ofenderse y a crucificarme- en conciertos de Megadeth y sucedía en los recitales de Elvis Presley, hace casi sesenta años.

Si bien el rock siempre promulgó la rebeldía frente a la enorme máquina de hacer hits y plantó cara a estilos musicales pasajeros -como diría el buen Marcelo Guardia, a la “música blanda y complaciente”- hay que aceptar que muchas veces también se forraron de plata con ese discurso. Pero aun así muchos no defraudaron. Al final de cuentas, el rock tampoco es una religión fundamentalista y, según yo, es ahí donde uno todavía puede encontrar música que se haga con corazón y tripas. ¿Y cuándo se quiebra el palo? Cuando la intención es sólo la explotación comercial, cuando tratan de hacerle creer a la gente que es bueno porque mucha gente metió dinero ahí adentro. Cuando no tiene alma. Imperdonable.

Debo admitirlo, yo puteaba mucho respecto al pop por las razones antes expuestas y todavía lo hago de vez en cuando, pero ahora estoy más convencido de que no hay nada que una buena ración de rock no pueda curar. El peligro no está en la moda, el peligro no está en la alienación, el peligro está en la pose.