Pop-up, pop art, pop corn | Revista Punto Aparte

A continuación te presentamos un texto de Alexis Argüello Sandoval con una mirada fascinante al paso del tiempo. Esperamos que lo disfrutes. Es parte del quinto número de la revista, POP.

Pop-up, pop art, pop corn

Una tras otra, ventanas se abren sin mi consentimiento; sucede casi a diario. Sucede que no me siento a gusto, casi a diario, así, sucesivamente, como en los fotogramas de las cintas de Andy Warhol, en los que aparece y no Edie Sedgwick (con y sin su consentimiento). Cierro las ventanas y giro mi cuerpo, miro el televisor que está allí encendido, allí, quince/veinte años antes del momento en que cierro las ventanas y giro mi cuerpo.

Quince/veinte años antes, Warhol y Sedgwick eran, entonces, menos familiares para mí que Adolfo Paco, Pato Patiño y el Cosquillas; menos que Pepe Córdoba, Jorge Eduardo, Gastón Sosa, Silvina y Mónica Ergueta (haciendo playback); menos que la Papaya Salvietti, los helados Panda y el Yupi en las canchas de fútbol; menos que el Aji-No-Moto y el Ají Sibarita (el de la negrita). Y es que mis recuerdos se sobreponen, como en un collage, así, coloridos, semitransparentes, uno sobre otro, uno sobre otro… Uno sobre otro, hasta formar un Arroz a la Valenciana que sabe a muchas cosas, pero sobre todo a, eso, Arroz a la Valenciana.

Diez/quince años antes, ingresé por primera vez a una discoteca llamada Bananas; localizada en la Avenida Franco Valle de la ciudad de El Alto. Recuerdo que era durante una matiné; recuerdo que sólo me vendieron soda transnacional y un boleto de ingreso; recuerdo que ninguna de mis compañeras de curso quiso bailar conmigo; recuerdo que sonaban Fey y Proyecto Uno, Ilegales y Fulanito; recuerdo que no fui ni populista ni popular; recuerdo, recuerdo que, a mi regreso de Sorata, el 1 de enero del 2013 recordé todo esto y lo recordé porque en la puerta de ingreso de una de las tantas discotecas, que están alrededor de la Garita de Lima, había música y decía: “Matiné”.

Refuerzo los pocos, y olvidables, y pocos, recuerdos que quedan de mi adolescencia. Refuerzo mis recuerdos como las agrupaciones de Pop refuerzan los estribillos y los ritmos de sus canciones. Lucho contra lo inmediato con lo inmediato, con lo repetitivo, breve y claro; con aquello que, lastimosamente, entretiene y abre una puerta de escape.

Salgo.

Vuelvo a salir para volver a salir.

Me hago de recuerdos que desplazan y son desplazados por lo inmediato, lo repetitivo, breve y claro; por lo que sucede, sucesivamente, sin dejarnos respirar; por lo urgente más que por lo importante; por lo que era para ayer (hoy en día nada es para hoy, nada es para mañana).

Cinco/diez años antes, me siento nuevamente adolescente, en un planeta adolescente, poco elaborado y con algo de tiempo extra comprado. Y siento que esto no va a durar, que en horas más volveré a enfrentarme con la madurez, aunque… Madurar no es cuestión de asumir responsabilidades, es cuestión de desligarnos de ellas, de bajar la cabeza y resignarnos a los hechos (una y otra vez, como en el Pop).

Me siento nuevamente adolescente, en un planeta adolescente, poco elaborado. Adolezco de algo, de paciencia y de música de cámara, por ejemplo. Me quedo como la rosa de Gertrude Stein: Rose is a rose, is a rose, is a rose.

Cero/cinco años antes, Nick Hornby y su snobismo musical vienen a mi mente, su lista de listas, su lista de listas de listas… Reflejos de la Generación METAtodo. ¡A la mierda con lo METAtodo!

Con actitud de rockero, gustos folklóricos y pinta de cumbierito, recuerdo los cassettes que compré para Samanta, mi primera novia, recuerdo los discos que compré para otras mujeres que no se llamaron Samanta. Lo recuerdo, mientras, en algún lugar más triste que el presente, suena de fondo “Casita de Pobres” de Poblibo Mayorga o, sí no es de su agrado, “Popart” de Vadik Barrón:

Frunis, diazepam, champagne

Porro a media tarde

Te preguntas ¿cómo estás?

Vos dices ¿quién sabe?

Meses/días antes, abro los ojos y, molesto por la luz artificial, apago el televisor y giro mi cuerpo, cierro las ventanas aún sabiendo que tarde o temprano se volverán a abrir… tarde o temprano se volverán a abrir para mostrar, o no, avisos publicitarios de forma intrusiva.

Salgo a la calle. Compro una vida para revenderla…

Días/horas antes, camino, me río de lo popular.

Camino vulgar.

Todos los caminos conducen a Todos los caminos.

Pop-Rol | Revista Punto Aparte

Queridos amigos, publicamos un artículo de Guillermo Gustavo Deheza Rabines, parte del número 5 de la Revista Punto Aparte: POP. ¡Buena lectura!

Pop-Rol

No existe una expresión cultural comúnmente denominada “Pop-Rol”. Ni siquiera podemos hablar ciertamente de la cultura Pop, podemos referirnos a la cultura labrada en torno a este género musical. Aunque un género no pueda homologarse a una cultura, cuando usamos la denominación de cultura Pop, todos parecen entenderlo. Si habláramos del juego de rol que se desarrolla en torno a dicha variedad musical, habrán muchos que serían capaces entender el término sin siquiera definirlo de manera conceptual.

Hagamos un pequeño paréntesis para todos aquellos a los cuales el Juego de Rol les es aún desconocido, también denominado JIRo (siglas de “Juego de Interpretación de Roles”), o en inglés Rol Playing Game (RPG), a todos les pido que no nos detengamos demasiado en aclaraciones. Basta decir que es una variación elaborada de las dinámicas lúdicas de simulación o de los juegos de mimicry de Callois. Versión elaborada, por no decir sustentada por un sistema de reglas basada en el azar y las probabilidades para darle realismo a la simulacro. Más claro, agua.

Es, en su forma más pura, cooperativo, favoreciendo el reconocimiento de la alteridad. En la medida que esa alteridad exprese además a través de la fantasía reclamos legítimos de su propia realidad, injusticias, y éstas sean captadas por el contingente de compañeros, la actividad deviene moral y terapéutica. Más aún si el “malo de la historia” es una representación directa de aquello que causa la injusticia en la cotidianeidad del participante oprimido. Esto quiere decir que cuanto más interpelados se sientan todos los participantes a hacer lo “debido”, más relevancia e importancia constructiva-social ganará la actividad.

No olvidemos que nuestra civilización está constituida por juegos “serios”.

Volviendo a lo nuestro. Cualquier juego centrado en su comercialización pondrá el acento en la diversión y el descompromiso, favoreciendo más la competencia que la cooperación. Los aspectos conflictivos para el participante, presentes en su realidad cotidiana, pueden ser dejados de lado gracias a su lejanía en el ámbito lúdico. Sólo participarán los elementos de la realidad que provoquen placer.

El JIRO es uno de los pocos juegos que conforma equipos a fin de superar una dificultad mayor a cualquiera de los esfuerzos individuales. Al adentrarnos en el mundo de la competencia entre participantes, el premio es el reconocimiento individual. Pero, como la confabulación suele “tensionar” el ambiente, yendo en contra de su carácter frugal, durará poco tiempo. Suele ser más conveniente desde la lógica masculina, directa, que ni siquiera ponga pie en el terreno fantástico pero se determine por la superioridad física del personaje, diseñada con antelación mediante el uso de reglas, o sea por su capacidad de “liquidar malos”.

Siendo honestos, irónicamente el RPG en nuestro medio es un juego de hombres. Las pocas mujeres suelen ser codiciadas por todos, cuidadas y protegidas. La actividad hace y deshace parejas. Una sesión de Pop-Rol es tan sugestiva como una fiesta bailable porque expresa las capacidades adaptativas de los participantes y sus ventajas como guerreros poderosos y rudas princesas. Si a eso agregáramos alcohol no sólo podría aumentar la población de roleros pero también la violencia y el desenfreno y las empresas lo pondrían de moda y venderían mucho. Pensándolo bien, no existe razón para que no lo hagan, excepto que las fiestas bailables con alcohol ya son una forma de juego de rol social competitivo pero sin tantos inadaptados.