Vergüenza

tapa 4

Queridos amigos:

Nos costó mucho, y con algo de vergüenza por el retraso, aquí presentamos el nuevo número de la revista.  Esperamos que la disfruten.

Puedes descargarla haciendo clic en este enlace: REVISTA 4 VERGÜENZA

 

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La disolución de un abuelo

A continuación te proponemos un artículo de Lourdes Reynaga Agrada, parte del tercer número de la revista  de Punto Aparte dedicada a los abuelos.

La disolución de un abuelo (El torturador)

“La historia que narro es la historia del hombre que se la narró al hombre que me la narró a mí. No puedo verificar su veracidad ni su exactitud” (p. 12) enuncia en determinado momento el narrador de “El torturador” (y las “r” se repiten, se regodean casi, enredando la lengua de quien lee el fragmento en voz alta), un cuento que habla de Polo, pero, para hacerlo, recurre al método de la reconstrucción.

¿Qué sabemos de Polo? Por su escritura, lo que sabemos es: “Me interesa volver invisible lo visible, desaparecer cuerpos que se vuelven más concretos a partir de su sufrimiento” (p. 21). Pero la pregunta más importante es: ¿cómo lo sabemos? Hay una carta y una narración tardía. Quien cuenta la historia no es sino el nieto de quien conoció a Polo y se vinculó directamente con él. Para cuando conoce la historia, los involucrados están muertos y no hay posibilidad de obtener otras respuestas. Solo están las versiones, las conjeturas.

Siguiendo un rastro que recuerda a Dupin (porque en el cuento las referencias intertextuales existen, es cierto, por supuesto, indiscutiblemente, pero claro), el nieto habla de la historia de Polo. Un hombre obsesionado, en principio con encontrar el punto exacto del dolor y, después, con la desaparición del cuerpo. En la última carta al abuelo, explica la invención de una máquina maravillosa que logra desaparecer en poquísimo tiempo cualquier cuerpo que se introduce; lo disuelve, lo esfuma, y se asume que ya ha experimentado con él, que en el cilindro de la máquina, carne humana, todavía viva, ha encontrado un contacto definitivo con el vacío. Hay fascinación en la descripción del prototipo, en su operación, en las utilidades posibles al sistema político que rige el país (Argentina) en el momento de la invención, una fascinación que se extiende a la propia narración.

El cuento ha empezado hablando del abuelo, estableciendo una breve genealogía del narrador y dando algunos datos sobre él. Sin embargo, a medida que las palabras avanzan, que se incrustan en la página y en los ojos del lector, la presencia del abuelo se desvanece, muta a veces en el nieto, para terminar abriéndole paso a Polo, cediéndole el lugar. La desaparición de personajes desconocidos culmina con la desaparición de quien se intuía protagonista en la primera página. Ya no el cuerpo, sino la presencia del abuelo, se diluye en las últimas palabras, porque, por favor, ¿quién se va acordar de un librero invisible cuando hasta el nieto lo ha olvidado?

Murillo, Mauricio. El torturador, Ed. Gente Común, La Paz, 2011

Una bala es más efectiva que cualquier tratamiento

Iván Gutiérrez, para el tercer número de la revista Punto Aparte que puedes descargar en pdf aquí, nos relata un nuevo caso de crónica negra literaria. 

Caso 3: Una bala es más efectiva que cualquier tratamiento
Tarija, 5 de noviembre de 1986

La tarde del 5 de noviembre a tres cuadras de la plaza principal un estallido de una 38 paralizó la actividad normal de todos los transeúntes. Atónitos observaron cómo caía un hombre de setenta y dos años al piso con la cabeza sangrando y las manos estrangulando una bolsita blanca, unas cuantas gotas mancharon la pared de la cooperativa de jubilados y otras pocas dejaron un pequeño rastro en el vidrio de la ventana que da a la calle. Segundos después un sujeto de treinta y cinco años de edad se dio a la fuga dejando en el piso el arma.

Después de dos días de búsqueda, lograron dar con el paradero del asesino. En el domicilio encontraron unas cuantas pertenencias que anteriormente habían sido denunciadas como robadas. El culpable, al ser llevado por el patrullero, fue enfrentado y atravesó por forcejeos con la gente que se había reunido en el lugar. Después de una serie de negociaciones se logró transportarlo hasta las dependencias de investigaciones.

El 5 de noviembre a las 11:00 am, el señor Juan Carlos Terán de setenta y dos años había salido de la clínica con una receta y unos análisis para comenzar un tratamiento urgente debido a un tumor avanzado. Almorzó solo en una pensión a la que pagaba en cuotas mensuales, pagó una llamada internacional, una llamada nacional y dejó su cambio sobre el mostrador. A las 15:00 pm depositó un monto de dinero en una de las cooperativas cercanas a la plaza principal. Las autoridades del caso aún no aclaran la cantidad de la transacción.

Tres calles después la victima ingresa a una farmacia donde compra las especificaciones de la receta para iniciar el tratamiento indicado anteriormente en el hospital. Al salir de la botica es interceptado por el señor Rogelio Aguas Medina quien con la amabilidad y la tranquilidad suficiente sujeta por el brazo a la victima y la arrincona en una calle aparentando ser su amigo. Registra sus bolsillos y con paciencia lee y se hace explicar las dolencias del Sr. Juan Carlos. Algunos testigos afirman que al principio el encuentro se veía sospechoso pero a medida que pasaron los minutos existieron unas cuantas risas y ambos demostraron cierta confianza en la conversación.

Cuando la gente dejó de prestar atención, la víctima sacó una botella pequeña de licor y la ingirió con rapidez, después se despidió con una sonrisa del sospechoso. Inmediatamente un arma apareció en la cabeza del Sr. Juan Carlos y en cuestión de segundos la presión del gatillo ejecutó a la víctima.

El acusado fue declarado culpable, pero en el interrogatorio afirmó y juró que llevó a cabo sus acciones con pleno consentimiento de la víctima. Recibió una llamada horas antes y dejó el depósito necesario para los servicios contratados. Según el asesino todo le parecía extraño, pero el monto era lo suficiente como para correr el riesgo.

Dos cuentos

Para el tercer número de la revista Punto Aparte, dedicado a los abuelos, G Munckel Alfaro nos “regala” estos dos cuentos sobre su tía:

De la nostalgia y otras alimañas

 La nostalgia es una cosa rara, por lo menos cuando se apodera de mi tía. La pobre señora hizo de todo: Puso la cocina de cabeza, la llenó de trampas y veneno, llegó incluso a alquilar un gato (no lo compró porque no le gustan, lo cual es raro en una tía). Por supuesto, todo esto funcionó. Su estratagema fue un éxito rotundo. Pero, días atrás, la sorprendí echada de panza en el piso de la cocina, haciendo dibujitos en la pared. Dibujaba ratones, la pobre, que extrañaba tener una razón para gritar a la hora del té.

 Cuento con bufanda

 Como a la mayoría de las señoras de su edad, a mi tía le encanta tejer. Quizás lo único inusual de este pasatiempo sea su afición por las bufandas y los destinatarios para los que teje. Sus sobrinos jamás recibimos una; a diferencia de su cafetera, la jaula de su loro e incluso su loro. Sé que tejió una para el gato que alquiló en alguna ocasión y sé también que, cuando sale a tejer al aire libre, teje bufandas para las palomas de la plazuela (que, al parecer, no son lo que se dice agradecidas o, sencillamente, no gustan de abrigarse el cuello con lana). En fin, mi tía lucha contra el frío a punta de lana y, por lo que pude observar, sé que tiene un plan entre manos y que lo teje en grande. Según parece, pretende salvarnos a todos de las corrientes heladas tejiendo una enorme bufanda para abrigar al viento.