Dos cuentos

Para el tercer número de la revista Punto Aparte, dedicado a los abuelos, G Munckel Alfaro nos “regala” estos dos cuentos sobre su tía:

De la nostalgia y otras alimañas

 La nostalgia es una cosa rara, por lo menos cuando se apodera de mi tía. La pobre señora hizo de todo: Puso la cocina de cabeza, la llenó de trampas y veneno, llegó incluso a alquilar un gato (no lo compró porque no le gustan, lo cual es raro en una tía). Por supuesto, todo esto funcionó. Su estratagema fue un éxito rotundo. Pero, días atrás, la sorprendí echada de panza en el piso de la cocina, haciendo dibujitos en la pared. Dibujaba ratones, la pobre, que extrañaba tener una razón para gritar a la hora del té.

 Cuento con bufanda

 Como a la mayoría de las señoras de su edad, a mi tía le encanta tejer. Quizás lo único inusual de este pasatiempo sea su afición por las bufandas y los destinatarios para los que teje. Sus sobrinos jamás recibimos una; a diferencia de su cafetera, la jaula de su loro e incluso su loro. Sé que tejió una para el gato que alquiló en alguna ocasión y sé también que, cuando sale a tejer al aire libre, teje bufandas para las palomas de la plazuela (que, al parecer, no son lo que se dice agradecidas o, sencillamente, no gustan de abrigarse el cuello con lana). En fin, mi tía lucha contra el frío a punta de lana y, por lo que pude observar, sé que tiene un plan entre manos y que lo teje en grande. Según parece, pretende salvarnos a todos de las corrientes heladas tejiendo una enorme bufanda para abrigar al viento.

Abuelos

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Aquí está, nuestro hijo. Más que un hijo, es un abuelo. Esperamos que lo disfrutes. Puedes descargar la revista en pdf haciendo clic aquí: REVISTA 3 ABUELOS.

Los fantasmas de la avenida

En el segundo número de la revista Punto Aparte publicamos este cuento de G Munckel, “Los fantasmas de la avenida”. No te asustes.
Puedes descargar la revista completa en pdf de este enlace:  Ñatitas

Los fantasmas de la avenida

¿Fantasmas dices? Yo una vez he visto. Pero no era pues unito. Te voy a contar. Se había hecho de noche y en auto estábamos yendo por la avenida. No había nadies y oscuro estaba. Y cuando hemos pasado por atrás del cementerio —ese que está en el camino de mi casa— una señora toda vestida de blanco y toda greñuda se ha aparecido en medio de la avenida. Se nos ha helado pues, casi la atropellamos a la doñita porque de la nada siempre ha salido. Ha sido bien jodido, porque cuando hemos frenado, la doña se ha acercado caminando hacia el auto y le hemos visto su cara siempre. Parecía que estaba gritando y que nos iba a arrojar con algo al vidrio; pero se ha esfumado, ha desaparecido siempre. Ahí mismo meta acelerador y a rajar nomás. Pero no andaba el auto. ¡No andaba el auto! Había que bajarse a empujar. No queríamos bajar, para qué te voy a mamar, estábamos cagados de miedo. Pero como ya no aparecía su fantasma de esa doña, nos hemos bajado nomás. Igual iba a ser peor quedarse ahí. Es bien jodido cuando ves un fantasma, da más miedo de lo que crees; pero cuando ves más de uno, es pues otra cosa. Nos hemos bajado del auto y ese rato se ha aparecido de nuevo la señora greñuda. Hemos gritado como locos. Pero luego hemos visto que más lejitos había más gente. Hemos gritado más fuerte, pidiendo ayuda; pero nada, ni bola. ¡Toditos eran fantasmas! No sé porqué, pero cuando hemos visto tanto fantasma, un poquito se nos ha pasado el susto. Eran pues como cincuenta fantasmas en plena avenida. No me vas a creer. ¡Bloqueo era!