Acerca de un viejo amor

Cada número recibimos muchos atículos de otras personas. Te presentamos a continuación un texto de Jack N. Kennedy (Habib Homsi Maese) sobre la flojera:

Acerca de un viejo amor

Banda Sonora: I Love You Forever – Two Steps From Hell

No sé qué tanto pueda o deba decir acerca de Flojera; traerla de vuelta a mis pensamientos me provoca debilidad, siento que en cualquier momento podría sucumbir ante la tentación de un apasionado rencuentro y claudicar en la tarea de romper mi dependencia hacia una vieja y fallida relación.

Siempre estuve a sus órdenes, siempre a su merced y siempre dependí de sus cambios de humor. Aunque lo propio de cualquier persona con tres dedos de frente hubiese sido cortar la relación por lo sano, me vi embriagado en sus amores y vi pasar tantos días junto a ella. Creí ser feliz.

Flojera es tan solo su nombre artístico. Su nombre es Pereza, la sensual, aquella a la que no podía resistirme, aquella que, con coqueteos, monopolizaba mi existencia; dormía conmigo, especialmente los días de invierno, entre sábanas tibias, se acurrucaba junto a mí, compartiendo su calor, hasta que Hambre –mi fiel e inseparable amigo y compañero de cuarto– me sacara del embeleso y el sopor en el que me sumergía. Su otro nombre es Negligencia, la cariñosa, la que encontraba fascinación estando junto a mí, la que me hacía creer que lo nuestro era real.

Y que los dioses me libren de Descuido, su horrenda mascota; Descuido eran tan viejo como nosotros, pero más dependiente que un perro de cartera; su olor era el mismo que emanan los días olvidados; sus aullidos  –tan horrendos como él– tenían la capacidad de alborotar a Hambre, alboroto que dejaba como resultado una serie de platos rotos –o más propiamente: vacíos– que después yo me veía obligado a pagar.

Tuve largas y fatídicas peleas con Hambre; sin embargo, él siempre supo ser un buen amigo y, a pesar de nuestros enardecidos encuentros, se mantuvo leal y siempre presente durante mi relación con Flojera.  

Creí que era feliz, creí que lo tenía todo, pero ella quería más, más de lo que yo podía darle; así fue como empezó a buscar aventuras con la gente a mi alrededor. No pasó mucho tiempo hasta que me diera cuenta de que la muy puta –aquí llegamos a la parte donde mis palabras se sinceran y son más consecuentes con mis pensamientos– había compartido las sábanas con demasiados otros, quienes, tan débiles e ingenuos como yo, cayeron ante su encanto.

Pero resulta que, tan puta como era ella, era también yo, y así somos cada uno de nosotros, porque te aseguro que, indiferente de tus gustos o inclinaciones, ella se metió contigo y, aun sabiendo que ella ya se había metido con tantos otros y otras, tú accediste.

Para no ser redundante con los improperios diré, a manera de rima, que ella fue astuta; astuta porque a cambio de su servicio –un insustancial momento de placer–, le pagué con lo más valioso que tenía, tiempo.

Ella sigue siendo así, sigue acumulando los tiempos que le dedico, y que tú le dedicas, cada vez que cometemos el clásico y tremendo error de llamar a una expareja en momentos de debilidad. Así seguirá acumulando tiempo, hasta que alcance el valor equivalente al de una vida.  

Dicen que la carne es débil, pero comprobé que hasta el espíritu y la voluntad flaquean al oír los seductores susurros de Flojera. Flojera es hermosa, tan hermosa como letal; es un súcubo y no va a para hasta matarme.

Ella nunca me amó y, ahora, yo no la amo; tan sólo tenemos una transacción de placeres cuando nos vemos –cuando yo le permito venir–. Todavía no soy tan sabio como para practicar el desapego que me permitiría librarme finalmente de sus tretas, pero por lo menos soy lo suficientemente racional como para entender que lo nuestro es algo más casual: un simple intercambio de beneficios. 

Después de tantas remembranzas, que no se confunda mi sincero coloquialismo con un tono misógino, porque al final de cuentas, soy humano, qué otra cosa podría decir ahora, cuando mi intención es hablar con franqueza.

Siempre lo supe, Flojera no es tan solo uno de mis grandes amores, Flojera es también mi perdición. 

Todavía te quiero, puta. Gracias por todo.

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