FLOJERA | Revista Punto Aparte, Número 8

 

REVISTA 8 FLOJERA portada

Queridos lectores:

Aquí encuentras nuestro octavo número de la revista, donde quisimos hablar de uno de los grandes pecados: la flojera. Puedes descargarla haciendo clic en este enlace: REVISTA 8 FLOJERA.

Para lograr este número, nos colaboraron:

Comité editorial:
Cecilia De Marchi Moyano
Ariel Revollo
Lourdes Reynaga Agrada
Mayra Romero Isetta

Columnistas:
Ch’aki (Ariel Revollo)
La maja en tacones (Mayra Romero Isetta)
La loca de los gatos (Cecilia De Marchi Moyano)
El revólver del cocodrilo (Iván Gutiérrez)
Amores perros Perrini-ini (Mayra Romero Isetta)
El ojo crítico (Lourdes Reynaga)

Colaboran en esta revista:
Ramón Rocha Monroy
Jack N. Kennedy
Carolina Hoz de Vila
Alexis Argüello
Sergio Harb
Veronica Adriani
José Luis Claros López
El físico secreto

Imágenes:
Jota Gordillo (ilustrador)
Andrés Herrera
Lesly Moyano
Liz M. Mendoza
Katsunori Osoegawa

Diseño y montaje:
Renato De Marchi Moyano

Documentación y coordinación:
Mayra Romero Isetta

Edición:
Lourdes Reynaga
Mayra Romero
Cecilia De Marchi Moyano

Correctora en jefe:
Mariela De Marchi Moyano

Portada:
Jota Gordillo (El gato hidráulico)

Contratapa:
Lesly Moyano

 

Caso 7: Escuchan ladrar al perro | Perros

Esta es una nueva entrega de la crónica negra literaria de Iván Gutiérrez. Si tienes un estómago sensible, si no soportas la sangre y la crueldad, pues… revisa el resto de la revista dedicada a los perros, que es menos dolorosa ;-).

Caso 7
Escuchan ladrar al perro

México, abril de 2000

Al terminar la noche la casa quedó casi completamente deshabitada. Los vecinos no habían escuchado nada, a unas cuadras la música de un matrimonio se encargó en desvanecer todos los ruidos sospechosos.

Se quedaron en la casa los tres hijos menores de la familia Ruiz Paz, a cargo de la sobrina de veinticuatro años. Los jefes del hogar viajaron por el fin de semana a una localidad cercana por un trámite de deudas.

Para las 12 de la noche el vecindario se esfumó en un sueño de domingo, quedando en las calles solamente la música del matrimonio a unas cuadras de la familia Ruiz Paz. A la 3 a.m. el pequeño chihuahua café ladró con insistencia a la puerta de calle, uno de los niños de la casa aseguró escuchar ruidos. La sobrina no hizo caso ni al perro, ni al niño, insistiendo que vuelvan a la cama. Una hora más tarde, unos susurros del primer patio de la casa los despertaron a todos. El teléfono sonó y una voz gruesa preguntó si todavía escuchaban ladrar al perro. La sobrina colgó inmediatamente y trató de comunicarse con la policía, cosa que no pudo por la saturación de las líneas. Reunió a todos los niños en la sala para prepararse a una carrera hasta la calle y pedir ayuda. El primer hombre salió del ropero y bajo las gradas como un ferrocarril, el segundo hombre esperó a que abran la puerta.

La policía informó que, según los vecinos, al amanecer habían salido dos hombres de la casa Ruiz Paz tomados de la mano y uno de ellos sujetando a un chihuahua café. Dentro de la casa, una joven de 24 años fue encontrada amarrada en una silla mirando de frente a tres niños colgados; fue la única sobreviviente de los dementes asesinos, el padre y el hijo de los llanos.

Caso 6: Cuidado con el muñequito | Venganza

Aquí está el relato que nos presentó Iván Gutiérrez en el sexto número de la revista, dedicado a la venganza. Un nuevo caso y mucha sangre. ¡Buen provecho!

Caso 6
Cuidado con el muñequito

Inglaterra, febrero de 1920

Desde el público se podía ver al misterioso artista gigante, siempre andaba de traje negro, el rostro pintado de blanco y un sombrero que le provocaba una sombra que escondía los ojos. Una luz intensa apuntaba su boca bien delineada con pintura roja. En las faldas del artista gigante, un muñeco vestido con un traje marinero que simulaba ser un niño regordete y de madera. Sus ojos estaban pintados por círculos negros que capturaban la atención. Nadie en el público podía dejar de verlos.
Los labios rojos del gigante jamás daban ni el más mínimo movimiento. La maestría del ventrílocuo era indudable. Al apagarse las luces, el gigante y el muñeco desaparecían en cuestión de segundos. Era imposible registrar la entrada o la salida del ventrílocuo, un hombre de unos 35 años aproximadamente que era presentado por el muñeco como el Sr. McCarthy, un estadounidense recién llegado a Inglaterra con la única compañía de Edgar, el niño regordete de madera.
Las giras del ventrílocuo constaban de un paseo de varios municipios de Londres y solamente era visto en el mes de febrero. Durante ese mes solían desaparecer aproximadamente entre 10 a 15 hombres, niños y mujeres. El resto de los meses se encontraban restos humanos en paquetes arrojados en los puertos o faros de distintas ciudades. El mayor hallazgo fueron 30 lenguas humanas en una botella de vino depositada en la puerta de una estación de policías. Durante cinco años las desapariciones causaron terror en la gente.
Las misteriosas apariciones del Sr. McCarthy en sus presentaciones levantaron sospechas a un grupo de curiosos que decidieron una noche esconderse en la carpa del ventrílocuo. Después de haber terminado la función, esperando descubrir el secreto del artista, quedaron atónitos al observar cómo el muñeco cobraba vida y cortaba pedazos de piel del ventrílocuo y se los llevaba a la boca. Uno de los curiosos sale del escondite aterrorizado y dispara varios tiros contra el Sr. McCarthy. Pero ante la mirada de todos, este se levanta y apuñala al pistolero terminando en el suelo y sobre el cuerpo del chico, mientras el muñeco se encarga de torturar y deshacerse del resto de los curiosos.
Un periodista que logró escapar malherido del gigante y del muñeco, contó a la policía sobre el hecho y repitió varias veces que el muñeco estaba poseído y que el Sr. McCarthy podía manipularlo desde el suelo. Porque el único movimiento que había hecho fue solo apuñalar al primer chico, del resto se encargó Edgar.
Cinco años después de la última vez que se vio al ventrílocuo, la Scotland Yard logró dar con una casa llena de cadáveres vestidos con el traje y el maquillaje del Sr. McCarthy, todos los cuerpos habían sufrido torturas, pedazos de sus cuerpos habían sido fileteados y a todos se les había extraído la lengua. Al parecer se había dado con el asesino responsable de los anteriores casos.
Al poco tiempo un agente informó que el caso estaba cerrado y que se condenaría al hombrecillo de madera, responsable de todas las muertes. El enano McCarthy era el autor de secuestros, torturas, asesinatos y canibalismo. Disfrazaba los cuerpos como el ventrílocuo gigante y él se disfrazaba de un muñeco.

Caso 5: Corazón de asesino | Revista Punto Aparte

A continuación les presentamos un artículo de Iván Gutiérrez, parte del quinto número de la revista dedicado al POP. ¡Buena lectura!

Caso 5

Corazón de asesino

Brasil, 24 de febrero de 1973

La tarde del 24 de mayo la policía y la comunidad de una pequeña región brasilera quedaron consternados y horrorizados al encontrar a Pedro, de 28 años sentado en el comedor de una humilde casa, con un plato en la mesa y sangre por todas partes. A pocos metros del comedor, estaba el cuerpo de su padre decapitado y en el pecho una cortadura a la altura del corazón. Pedro había dejado su casa cuando tenía 20 años para ser parte de una banda de narcotraficantes y sicarios. Sus padres no sabían de su paradero, pero él los tenía vigilados, debido a que su padre era violento con la madre y temía que cualquier rato se le pasara la mano.

La mañana del 23 de mayo muere apuñalada por su marido la señora Julieta, madre de Pedro. En el momento en el que un informante avisa al hijo la pérdida, este decide ir inmediatamente por el asesino, tarda un día en llegar. Aparece en la puerta bien vestido y con un machete en el saco. Después de un saludo y preguntar por su madre, decide preparar la mesa. Al no recibir respuesta, y esperando alguna justificación por parte de su padre, lo golpea repetidas veces con el arma, después lo decapita y le abre el corazón.

Según la última declaración del asesino, dejó el cuerpo de su progenitor en el suelo y caminó con el corazón hasta la mesa, lo puso en el plato y lo comió lentamente mientras escuchaba las sirenas de la policía acercarse.