Amores perros – Pop | Revista Punto Aparte

A continuación les presentamos un artículo del famosísimo ídolo de las masas Perrini – ini. Es parte del quinto número de la revista, dedicado al POP. ¡Buena lectura!

Perrini

Amores perros

Debo hacer una confesión, vivo un poquitín asustado, porque hay personas que no me quieren y amenazan con secuestrarme, liquidarme, hacerme desaparecer y cosas así. Antes no entendía el motivo por el cual querían hacerme daño, tomando en cuenta que soy un juguete, que habla, escribe y piensa, pero juguete al fin y al cabo. Sin embargo, después de mucha cerebración y pensamiento profundo en mi cabecita, tuve mi momento de iluminación y lo descubrí: tienen envidia de que un perrito de peluche sea más popular que ellos o que ellas.

No estoy exagerando, de veritas, un día mi mami, mi tía y una pareja de amigos me llevaron al cine. El esposo me cae bien, es mi secuaz, que sigue la corriente a mis juegos y chistes; mientras que la esposa no me cae, y el sentimiento es mutuo, de hecho, prefiere tratarme de “perro imbécil”, a ver. Durante el camino al cine y durante la película, esta personita tan desagradable estuvo de un humor… de perros, comunicándose con monosílabos y teniendo reacciones agresivas conmigo. Días después de la velada, mi tía le preguntó por qué estuvo así cuando fuimos al cine. La respuesta fue para morir de un ataque de risa: “Es que mi marido le daba más bola a ese peluche que a mí”. Como si fuera mi culpa ser tan bonito.

Otra más interesante todavía: mi mami recibió una denuncia sobre mi página en Facebook, porque uno de sus amigos no me soporta, y aludiendo que le llegaban muchas solicitudes de mi página (muy interesante, por cierto), me plantó una denuncia con el Zuckerberg ese. De verdad que me sentí acosado.

Así que, en toda mi pequeñez, en toda mi apapachabilidad, me pregunto ¿Hasta qué punto llega esa “sed de popularidad”, o tal vez necesidad de atención, que tienen ustedes los humanos, para que se ensañen con un juguete que tiene unos cuantos “likes” más que el resto en el Facebook?

Yo voy a seguir siendo yo, voy a seguir considerándome un perrito bonito y tierno, y voy a seguir en línea, pues la virtualidad ayuda muchísimo a mi inmortalidad. Si no le agrado a algún humano, pues que haga algo para ser más popular que yo. Puede optar por lo que está de moda en los Esteits: entrar a un colegio y disparar sin ton ni son para luego tener sus 15 minutos de fama como asesino masivo.

Sin embargo, les cuento un secreto: ser popular no lo es todo. En realidad, no sirve de nada hacerse conocer en el mundo entero, porque tarde o temprano, alguien más te destrona, como Jesús, Los Beatles, o Crepúsculo y sus vampiros que brillan.

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Amores perros I

Perrini es un perrito de peluche, adorable y suave. Escribe para nuestra revista. Sí, un peluche escribe para nuestra revista. Este es su artículo del primer número, dedicado al tacto

Soy un perrito de peluche. Abrazable. Si tengo que hablar del tacto puedo decir eso: soy abrazable. ¿Qué animal de peluche no lo es? Díganme, cuando eran niños o niñas ¿acaso no se aferraron a un juguete hasta gastarlo?

Pues resulta que los juguetes adquirimos nuestra esencia justamente si alguien nos abraza, nos viste, nos peina, nos baña, nos hace dormir… bueno, todo lo que se puede hacer con un juguete, tocándolo.

Los niños son los que más energía nos dan. No obstante, lo que más me divierte es ver cómo los adultos se resisten a volver a tocarnos, y a intercambiar esa vibra que nos conectaba; cuando van por la vida quejándose de que les falta contacto.

Si bien un juguete no podrá darle esa sensación que se conoce como contacto humano, no me cabe ninguna duda de que cuando nos abrazan –y mucho más si somos juguetes que hemos sobrevivido a la infancia y adolescencia- la calidez de la nostalgia que transmitimos es tal vez, mucho más reconfortante que el human touch.

Es una verdad innegable que con nosotros todos ustedes, seres humanos, han tenido sus primeros contactos con el mundo exterior. Tocándonos han descubierto las texturas que los rodeaban. Son pocos los adultos que conservan ese gustito adquirido por tenernos cerca, confiarnos sus vivencias y todavía abrazarnos para dormir.

La verdad no entiendo porqué a medida que crecen nos van olvidando y encajonando, pero yo tengo la suerte de ser uno de esos juguetes que no ha sido encajonado (todavía) y que goza del contacto de su mami, así que, a partir de ahora, hablaré por todos los juguetes y peluches que quieren ser escuchados. Esta vez los incito a todos ustedes, seres de carne y hueso, a volver a abrazar a sus muñequitos, verán lo reconfortante que es volver a su infancia a través de nuestra “piel”.