Unas reflexiones sobre la vergüenza

En el rincón científico (una de las secciones fijas de nuestra revista), el psicólogo Dagiel Vallejo nos da unos apuntes muy interesantes sobre cómo asumir la vergüenza.

Unas reflexiones sobre la vergüenza

Pensándolo bien, la vergüenza en algún momento ha debido ser hermana melliza de la moral y la ética, pues no puedo imaginar cómo es posible sentir vergüenza si no hay principios, límites o referentes que nos permitan generarla.

Esto me ha llevado a pensar, sin embargo, que hay vergüenzas de las cuales hay que sentir complacencia de haberlas tenido y otras vergüenzas de las cuales debemos avergonzarnos.

Vergüenza, haberle fallado a otra persona que necesitaba de uno o esperaba un gesto y no se lo dimos, pero en mérito a ella uno puede reivindicar la traición a esa expectativa y tal vez reconstruir la confianza.

También se puede agradecer la posibilidad de avergonzarnos de cometer ciertos errores, lo que nos permite corregirlos y asumir sus consecuencias con responsabilidad y madurez, sintiendo que con ello crecimos.

Sin embargo, hay gente que ha fagocitado el término vergüenza con el hambre de sus fieros perros, ávidos de poder, como políticos y demagogos que, sin el más mínimo resquicio de vergüenza, mienten y roban la vida a la gente y la naturaleza, no solo con una ausencia de vergüenza, sino más bien con un orgulloso cinismo de ser verdaderos artistas del engaño.

Hay un conjunto de vergüenzas que es un deber perderlas, como la que nos visita en la pinche clase, donde el docente habla sandeces, pero por vergüenza uno no se anima a decir su simple observación, y así abrir un abismo en los pies del pinche buey; observación que queda durmiendo en la cobardía cómoda de nuestra mediocridad, conformista, sometida y con rostro de vergüenza. O las vergüenzas ancladas en el tabú, que impiden gritar a los cuatro vientos la delicia de hacer el amor, vergüenzas que no tienen otro rostro que la perversión convertida en silente observador de las sinuosas frustraciones de una reprimida sexualidad insatisfecha, vergüenzas que cortan alas y mutilan deseos.

A veces, tenemos la suerte de haber cosechado ciertas vergüenzas que nos enseñaron a ser cautos y mesurados, en circunstancias en las que tal vez hubiésemos perdido vergonzosamente la dignidad, vergüenzas convertidas en  deseables y perfectas consejeras, celosas guardianas de la autoestima.

Vergüenzas propias y vergüenzas ajenas, vergüenzas dignificantes, vergüenzas edificantes, vergüenzas vergonzosas, vergüenzas amistosas, vergüenzas despiadadas y asesinas, vergüenzas hilarantes, vergüenzas públicas y secretas vergüenzas, vergüenzas liberadoras y vergüenzas torturadoras… En fin tantas vergüenzas que confirman nuestra dimensión humana, que habrá que ser cuidadoso en saber a cuál de ellas invitamos a cenar esta noche en nuestra mesa y sentirnos seres libres o desvergonzados sinvergüenzas.

Mujer infiel se convierte en alimento de cocodrilos

Iván Gutiérrez inaugura su sección de cuentos negros basados en crónicas reales, en la columna “El revólver del cocodrilo”.

Mujer infiel se convierte en alimento de cocodrilos

Tailandia, 06 de septiembre 2012

Abrió los ojos en el preciso instante en el que el ruido de la calle se difuminaba; y todo en la habitación se internaba en un silencio rotundo, le dolía el pecho y su marido todavía no había despertado. Ya lo tenía decidido, quería renunciar y empezar de nuevo al lado de otra persona. Comenzó a engañarlo exactamente el 29 de junio del año 2012. Todo el tiempo fue cuidadosa, era muy meticulosa en los procesos de borrar sospechas, de elaborar salidas, llamadas telefónicas y encuentros casuales con el amante. Siempre seguían un plan bien organizado, en muchas ocasiones fue el amante quien se encargó en los detalles para cubrir cualquier tipo de susceptibilidad por parte del marido.

El esposo engañado hizo una denuncia de desaparición y no supo nada hasta después de dos días. El 06 de septiembre, el reloj del policía encargado del caso marcaba las 5:20 de la tarde, se habían confirmado las sospechas. Una llamada en la estación denunciaba la aparición de restos humanos que venían de la granja de cocodrilos. Lo primero que vieron fue la mitad de un brazo con la mano cerrada. El oficial colgó el teléfono y antes de irse le dijo a su compañero “el lado bueno, no tendremos que medirle el pulso, sólo hay un brazo nadando por las afueras del río; el lado malo, nunca fui bueno con los rompecabezas”

Interrogatorio.

Después de la llamada en la que le informaban oficialmente que su mujer estaba muerta, el señor Sunai Jisathra se dirigió a la estación de policías para reconocer los videos de seguridad en los que aparentemente se tenía registrado el ingreso de Tiphawan Prakarn al parque de cocodrilos, y posteriormente tendría que dar una declaración.

El señor Sunai Jisathra de 55 años de edad salió de la estación de policía, prendió un cigarrillo y desapareció entre las calles. Caminó lento hasta llegar a un parque. Se sentó en la acera y lloró aproximadamente unos quince minutos. Prendió otro cigarrillo, seguramente la va a extrañar lo suficiente como para no iniciar una relación con otra persona, alguna vez se perderá con alguna puta, le hablará poco y por último recordará a su esposa. Las mujeres con las que llegará a la cama recordarán el caso, le darán un beso en la frente, él se sentirá bien como alguien famoso, prenderá su cigarrillo y la puta dejará la habitación impregnándolo todo con un perfume muy barato.

Después de la declaración y el reconocimiento de la mujer de 33 años, el oficial cerró el informe afirmando que el señor Jisathra no se sentía sorprendido porque la mujer sufría de depresiones el último tiempo. La primera hipótesis era que ella había muerto después de “saltar intencionalmente” en un recinto cerrado donde estaban los animales salvajes. Después de algunos interrogatorios se determinó que Tiphawan Prakarn había conversado con un hombre aproximadamente de 40 años, primero discutieron, hubo un forcejeo y por último un beso, se despidieron, aproximadamente avanzó tres pasos, y la mujer saltó a la boca de los cocodrilos. El hombre está siendo buscado.

Lo último que ella le dijo fue que iba al médico, después pasó la mano por su rostro y sintió como si fuera una gota de agua desparramándose desde la frente hasta la quijada. Su pequeña mano blanca mutaba y se hacía fría, dibujaba las huellas de sus dedos delgados como hilos de una caña de pescar aterrizando en un punto profundo y quieto. Cuando terminó el viaje, hizo un redondo delicado en la punta de la barbilla, sonrió, tomó su cartera y desapareció.

Le dijo que iba a ver a un médico, pero fue hasta una granja de cocodrilos con intención de abandonarlo, o de lo contrario, suicidarse. El informe policial cierra el caso aclarando algunos detalles del supuesto accidente: La señora Tiphawan Prakar falleció por el impacto de la caída, posteriormente fue comida por los animales salvajes.

TACTO | Revista Punto Aparte, número 1

¡Lo logramos! Conseguimos terminar nuestra primera publicación… Se trata de una revista virtual que puedes descargar pinchando en este enlace: Revista Punto Aparte – número 1: TACTO*. Esperamos tus comentarios.

* Este primer número fue posible gracias a:

Comité editorial:

Cecilia De Marchi Moyano

Cecilia Lourdes Romero Mérida

Mayra Romero Isetta

Ariel Revollo

Columnistas:

En bañomaría, Cecilia L. Romero Mérida

La columna de Jota, Jota Gordillo

Ch’aki, Ariel Revollo

La maja en tacones, Mayra Romero Isetta

La loca de los gatos, Cecilia De Marchi Moyano

El revólver del cocodrilo, Iván Gutiérrez (talicho182@hotmail.com)

Amores perros, Perrini-ini (Mayra Romero Isetta)

El ojo crítico, Lourdes Reynaga

Ilustraciones:

Jota Gordillo

Invitado especial: Ron Jeremy

Diseño y montaje:

Comité editorial

Cecilia De Marchi Moyano

Documentación y coordinación:

Mayra Romero Isetta

Edición:

Cecilia L. Romero Mérida

Una idea original de Punto Aparte

Email: puntoaparte.contacto@gmail.com